25.11.16

Y nada más.

Los comienzos siempre son bonitos. Los nacimientos siempre marcan. Al igual que el segundero del reloj que te acerca sutilmente a las despedidas.
Los puntos y finales. Esos malditos que trasladan el silencio como manera de expresión. El eco de los latidos que parten hacia ninguna parte. Hacia ningún horizonte dispuesto a dejarse alcanzar.
Pero como los más fugaces de los cometas, siempre quedan estelas, en el cielo y en el mar, en el corazón y la memoria. Estelas que dejan de brillar con la cura del tiempo, con el vinagre que cicatriza o las canciones que te hacen naufragar sin necesidad de alcanzar tierra.
Volver al principio nunca fue bueno, ni normal. Anomalías de utopías que se enfadan con la realidad. ¡Deja de ser tan frívola y déjate volar!
¿Hacía dónde? La salida de emergencia no se ve cuando las palabras se atragantan en los intensos sentimientos desbocados que no dan razón a nada. Ni a nadie. Ni siquiera a una misma.
Para qué. Si los caprichos siempre se salen con la suya.
Hacerse sombra y no volver a mirar hacia atrás. ¿Solución o destrucción?
El silencio solo acompaña a la ausencia. Y de la mano no deja que nada se interponga, ni se ponga, calentando camas ajenas.
Las sábanas fantasmas de lo que un día llegamos a ser. Ahora se dejan secar al viento del desengaño. Sin dirección ni control remoto. Sin autopistas por las que correr ni cielos a los que alcanzar.
Y si quieres ser fantasma, deja de aparecerte. O estás o dejas de estarlo. Pero este tira y afloja que deshoja la intensidad de los latidos dejó de ser divertido desde que el espejismo de mis pupilas no reflejan tus miradas.
Y por dejar de temblar, todo se dejó de ser. Ni susurros, ni cuerpos, ni caricias, ni pieles que se erizan. Silencio. Y nada más.

Si gritas al más profundo de los pozos solo te devolverá el eco de tu nombre.


...y nada más.  

11.1.16

Y ahora...¿qué es mejor?

Telones abajo. Faldas arriba. Desobediencia al timón. 
La cordillera de tu espalda recorrida. Tu mirada cautivada y perdida. Tus labios prohibidos. El corazón a cien. 
Loca, incoherente, risueña, pero sobre todo...fugaz. 
Desapareciste, huiste al agujero negro de mi soledad. Sin cerrar la puerta del olvido. Así, como de vocación. Partiendo esta mitad en dos. 
Y volaste por callejones tan estrechos que ni el viento te daba alcance. 
Desierto. Eso eres. El desierto de mi amor.
Y desordenaste todos los rincones de mi interior.
Si me conociste destrozado, peor me dejaste. Desolado.
Maldigo tu inmadurez. Odio tu estupidez. Escupo sobre tu alocada risa, tu sonrisa que una vez amé.
Sin embargo, peor es el caos de mi razón. Porque es mentira. Porque te amo más que nunca y en lejanía.
¡Maldita sea tu cintura que no se dejó capturar! ¡Maldita seas!
Porque apareciste sin pedir permiso, y te fuiste sin pedir perdón.
Porque llegaste para barrerme y te fuiste dejándome aún peor.
Simplemente serás mi maldición. La que llegó. Solamente. Para no regresar.
Pero nadie entenderá tus razones. Pero nadie será la sombra que te abrigue.
Te quise regalar la vida a color, y me la dejaste en blanco y negro.
No debí besar tus labios de viuda negra, que quitan el hipo para que te des cuenta de que la vida es mejor así. Que es mejor contigo que sin ti. Y luego...cuando tus caderas hicieron que se pusiera el sol...¿qué? ¿ahora qué es mejor?

18.12.15

Nuestro poema de encuentro.

Hagamos un poema de lo nuestro. Imaginario, pero cierto. Mentiroso, pero veraz. Anclado, pero fugaz. 
Hagamos de este poema nuestro punto de encuentro. Un lugar en el que nos sintamos cómodos para olvidar. Dónde, entre palabras, descubramos nuestros rostros y besemos nuestros nombres.
Un juego de escondite entre métrica, dónde tú me escribas y yo te alcance. Dónde yo te beba y tú me leas. 
La mitad del camino de nuestra lejanía, dónde nos sea fácil huir de la vida, para vivirnos. Para sernos. 
Un acercamiento metafórico. Un baile entre rimas. El juego perfecto de vidas prohibidas. 
Que sea el río de dos orillas: la tuya y la mía. A contracorriente, dónde naveguen los suspiros de convertirnos en el mismo aire. Dos orillas que se abrazan cubiertas y escondidas por un poema fluvial.
Que sea el tornado de sentimientos reencontrados, vetados en sociedad, enterrados en sueños y albedríos. 
Juguemos a este juego de disimular que no nos conocemos, que no nos queremos, que no nos deseamos. 
Escribir un poema que despiste a la gente. Que les haga creer que está escrito a un olvido. Disimulándonos, encontrándonos vivos entre líneas. Sabiendo que somos real en ficción. Que somos el encendido de un amor silenciado. 
Y releemos en noches de soledad, a oscuras y distanciados. Latiéndonos en prohibido. 
Y al encontrarnos en el poema de encuentro, dejará la habitación de sentirse fría y llana. Y dejaremos que la corriente de las palabras inunden nuestro cuerpo en sequía. 
Nos tocaremos en silencio, entre métrica y rima. Entre sueños y olvidos. En ficción y lejanía. 

2.12.15

La caprichosa muerte enamorada.

Pensar cuán patética es la vida, que se derribe y se hunde. Se aleja y desaparece. Poco a poco. Se transforma en pájaro, y vuela.
Se vive, se desvive, y no regresa.
Pensar que has venido para borrar tu propia huella, como una marea que llega para perderse, para borrar tu rostro de la arena.
Y se va tan lejos que se ensordece el eco de tu nombre.
Se callan las sinfonías para dar paso a los graznidos y los requiems.
Te embarcas en el viaje del olvido, con vértigo horizontal a tocar el horizonte.
Naufragas en la inexistencia, te agotas de intentar recrearte. Falleces en el interrumpido sonido de un latido desgastado, que dejó de cantar.
Llega el invierno de tu fin. Y la última hoja del otoño se dejó enamorar por la caída del minutero del reloj, que ya marca medianoche.
Y tus sueños se quedan sin soñador. Y se hace sequía el oasis de tu alma. Se fabrican telarañas entre las pestañas que ya no se abrirán.
Pensar en la despedida agota.
Consume la cordura y la paciencia de esperar nuevas sensaciones.
Te preparas para correr por tu vida y vivir al fin. Correr a compás del tiempo, en su mismo paso.
Pensar que ya comenzaste tu partida, y que no hay paso que vuelva atrás.
Entraste en juego, cada vez más cerca del final, donde se encuentra la muerte enamorada de tí. Esperando, impaciente, que te acuestes con ella y que la hagas sentirse tan viva como tú te crees estar.
Inmortal. Já! Nunca lo fuiste. Y tu arena se convierte en vapor, escapándose de ti.
Sí, te evaporas. Te consumes y llegas a tu inexistencia. No hay más.
O sí. Claro que sí. Aún la muerte te señala desde lejos, quedando el espacio suficiente como para poder bailar y saltar y besar y soñar.
Es tu momento. El único, porque, ¿recuerdas?, nunca hay marcha atrás.
Eres tú y ahora, bailando sin parar.
Hasta que la risa duela, hasta que el amor escueza, hasta que soñar se haga tu realidad.
Porque es verdad que la realidad no existe. No eres tú. Tu vida es prestada, y llegas tarde a la devuelta.
Déjate llevar. Vuela libre, y jode a la muerte que muerta está. Dale envidia, que tú sientes y ella vive en soledad.
Es tu cielo, tus días, tu esencia. Déjate ser. Pero sin olvidar que toda partida se acaba, que tu vida es prestada, y que la caprichosa muerte enamorada no parará hasta besarte el alma.

28.11.15

El sabor de tu ambrosía.

Sufrí el mal de alturas de tu lejanía.
Sentí la muerte a mi espalda.
La melancolía de bocas desbocadas,
que besan sabiendo a anarquía.

Tus caderas se tropezaron
en el huerto de mi sabiduría,
hiriendo la sintonía
de los deshechos del pasado.

Que sin pasarse se fueron,
como las golondrinas,
como la agonía
de besos eternos enterrados en fuego.

Y sin saber escribir poesía
me desvivo en tu desvelo
destapando el sentimiento eterno
que me produce el sabor de tu ambrosía.

18.11.15

Emigrante en tu trinchera.

Necesito escapar. Saltar de estrella en estrella. Danzar sobre una constelación infinita. Abrazar al alba en su despertar. Dormirme en el horizonte, lejano y seductor, enamorado del cielo. Sentirme amada por la escapada y los vuelos de aves que emigran de estación en estación.
Escapar y gritar que la vida no me pertenece. Que los sentimientos se sumergen en historias vividas con pasión. Porque la vida no es más que eso: la pasión con la que riegues cada segundo de tu reloj de arena. Que gota a gota se agota. Se aleja. Y tú, ingenuo, pensándote inmortal.
Correr de aurora en aurora. Creándome en cada nota musical. Coloreándome en cada lágrima y cada sonrisa.
Sentirme envuelta en el calor de la Tierra. Sentirme pequeña. Desconocida. Irracional. Tremendamente despistada, pero protegida. Protegida por los sueños de cabezas que crean realidades alcanzables tan solo al cerrar los ojos.
Quisiera no volver la vista atrás, por el simple hecho de que las vueltas no existen. Solo de nuevo una ida al mismo lugar.
El tiempo no te permite corregir errores. Pero te da nuevas oportunidades. Te da tiempo.
No quiero llorar las despedidas olvidadas. Los abrazos fríos. Los besos escondidos en el armario de tus sueños.
Tan solo quiero la libertad. La escapada en noches desveladas. Donde el frío intenso se comienza a evaporar con cada paso de despedida, de sumergida espiritual. Llegar al infinito de las luces desamparadas, de luciernagas que tiñen los pensamientos oscuros. 
Descubrir la belleza de las miradas, de los horizontes que se alejan con cada kilómetro, acercándose siempre al mar. Al beso de la línea curva que no te dejan tocar, por la que se escapan los pájaros y los sueños.
Y tras salto estelar, besar los lunares que alzan mi mundo al infinito eterno del cosmo, que no cierra telón, ni se acomoda tras cada acto. 
Y despertar, sintiéndome coen vidas mayor, gratificada, hecha el amor y polvo de la belleza de seguir viva. Sintiéndome eterna en mi existencia. Sintiéndome aire en tu boca, en tu sombra, en tu abrigo, en tu ropa derribada en el suelo. Y hacerte sentir que ganamos la guerra de sapa y espada, encntrándonos en la misma trinchera, agotados, pero vivos. Ensuciados, pero nuestros. Derrumbados, pero vencedores y merecedores de nuestros besos.

19.10.15

La sal de tu vida.

Me dejaré abrir a nuevas perspectivas artesanales. Al batir de las alas del olvido. Al beso del crucifijo de nuestra extrañeza. Al aire que no besa. Al amor inexperto de no amarnos. 
Me dejaré compartir la vida. Cacho a cacho. Lágrima a lágrima. Corazón a corazón. Te prestaré mis ojos. Me sentiré en los tuyos. Y me dejaré volar desde tus alas de libertad. 
Me dejaré convertir en tu agua. En la ausencia de tu cama. En los sueños que te acarician en tu noche. En la gota de vino que flota en tu labio, extraviada, del olvido de la copa.
Me dejaré escribir en mi espalda. Con permanente. Para que no se me olvide el recorrido. Escribir el universo, constelación a constelación, como resultado de llegar al mismo cielo.
Me dejaré bailar al compás de tus latidos. En los acordes de una canción de Sabina al aullido del alba que no nos dejó dormir. Al ruido del silencio de las miradas entrelazadas.
Me dejaré hacerme desde el principio. Del negativo del camino, al revelado en color de la vida. De las cosas bien hechas. De lo artesanal. De lo analógico. Hacerme moldeada en mi propia medida, pero restaurada en tu orilla.
Me dejaré ser el viento. Me dejaré ser la sal tu vida. Me dejaré amar. Me dejaré capturar por un instante. Me dejaré, simplemente, sentir la existencia en el infinito de tu nombre.

26.9.15

No nos amaremos, aunque lo hagamos.

No nos amaremos. No nos tendremos tan cerca como para fundirnos en un beso. No compraremos la vida a mitades iguales.
Serás el amigo con el que hablar de los príncipes azules que se dejaron la corona olvidada antes de entrar en mi habitación, o de las princesas que pasaron por tu cama desnudándose al primer suspiro. Y hablaremos de lo que podríamos haber sido siendo republicanos, de las caricias destapadas, de las risas en tu almohada. 
Hablaremos de las pieles revestidas, de las heridas recién curadas, de las miradas mudas de tanto decir. Hablaremos de un 'tú' sin 'mi', un 'yo' sin 'ti'. De las persianas que nunca bajamos, de los desayunos congelados de esperarnos. Contaremos las pelis sin poner, los lunares sin besar, las caricias sin probar.
Y soñaremos con las despedidas en la puerta sin querer separarnos, con el camino de estrellas desde tu espalda hasta tu pecho, con el recorrido de mis caderas. 
Besaremos al olvido de lo que no fuimos, de la silueta sin sombra de lo que podría haber sido nuestro. Y reiremos de las fotos no guardadas en álbumes, de los viajes siendo viajeros, de los planes sin hacerlos. 
Hablaremos de aquellos proyectos en conjunto, de los nidos de invierno, de los bailes sobre el pasado. 
Y hablaremos tanto de lo que no fuimos, que cuando nos despidamos soñaremos con serlo todo. Y volveremos al inicio de este laberinto de tu alma enredada con mi locura. Y volveremos a ser sepia en el camino separado. Porque sin querer amarnos, nos amamos. Y todo sin sentirlo de verdad. Porque planeamos por separado una vida juntos, a nuestra manera, sin nuestros compromisos. Y por miedo a desaparecernos, no nos haremos, y solo volaremos sobre el negativo de lo que hubiésemos sido.
Y nos despediremos sin hacerlo como quisiésemos, pensando que todo es un sueño del que despertaremos. Pero, cómo quieres despertar de algo que es real? Si los sueños lo son porque jamás quisiste abrir los ojos? 
Háblame de despertar a tu lado, y no de despertar de un sueño extraño del que no querías despertar...

16.9.15

Círculos viciosos.

Siempre quedará lugar para la nostalgia.
Echar de menos no siempre está de más. 
Subir al cielo muchas veces implica bajar. 
Bajar no en todas las ocasiones es sinónimo de fracaso.
El fracaso enseña mucho más que algunos triunfos.
Los triunfos ya no los acompaña una corona de laurel.
Y el laurel está sobrevalorado.
Lo sobrevalorado no tiene por qué carecer de valor.
El valor es algo muy subjetivo y personal.
Pero no hay nada más personal y subjetivo que tu olvido.
Y el olvido es el reflejo de la nostalgia de tu ausencia.

3.9.15

La caída de los trópicos

Comenzamos a amarnos sin resguardos ni derechos a cambio. Y continuamos el camino, sin pisar la vereda de emergencia. Temblaron los termómetros bajaron las temperaturas, y hasta el frío abrigaba más que cualquier corazón. Se fueron rompiendo los sueños, cacho a cacho y por separado, y nos dio pereza recogerlos y recontruirlos. Así que decidimos que era hora del punto final, de las mañanas separadas, de las estrellas en espaldas diferenciadas. De los 'te amo' con otros nombres, de las distancias en la boca de otros rostros. Se rompió el mundo por la mitad: polo norte y polo sur, desde el Ecuador. Y sí, usamos los trópicos de fronteras, de alambradas sin primaveras. Rompimos las sábanas que nos recordaban a un 'nosotros' que ardían en el pasado. Pero al otro lado del planeta aún se escuchaba el retumbar de tus latidos. Seguías vivo. Y con eso tan solo me bastó, para unir  fotos y coser sábanas, para romper silencios y distancias, para derrumbar trópicos como telones de acero y muros de Berlín. Sin embargo, el corazón latía porque ya me habías superado. El olvido se encargó de besar frentes diferentes, bajo pelos estrellados que no eran los míos. Miré para mi interior y no me encontré. Me perdí entre corrientes submarinas de superficies pocos profundas, y volé sin previo aviso a mi escondite donde esconderse no era un juego, sino supervivencia. Me crecí náufraga en las alturas, y me acomodé allí. Y ya me dio miedo bajar, incluso la mirada. Y así pasó mi tiempo, tumbada en un limbo no religioso mirando a las nubes que escondían estrellas. Llorando de ausencias para que te lloviera encima. Pero dio la casualidad que una de esas lágrimas llegó a parar a tu boca, y me sentiste como pájaro al viento. Y escalaste lo imposible por llegar a mi lado. Y nos encontramos. Y cosimos fotos, sábanas y almas. Y derrumbamos los trópicos, y al caer estos, retumbaron las más peligrosas tormentas en el eco de nuestras bocas, asustando a aquellos que aun no desplegaron las alas para aprender a volar.

27.8.15

Hagamos el amor.

Hagamos el amor. Lento y pasional, tierno y terrenal, violento como lo divino, como látigo de la mar. Arena y ola en un vaivén en espiral, sacudiendo la vida en un beso sin final. 
Hagamos confundir a la línea del horizonte. Acariciemos heridas por cicatrizar. Sintamos que la tierra nos hace levitar y el firmamento nos abriga entre pestañeo sin cesar de estrellas deambulantes. 
Seamos dos sin necesidad de ser uno. Seamos todo sin necesidad de ser nada. Tú y yo, jugando a un juego de desnudos entre sábanas.
Soñemos con que todo se puede, que somos nuestros dueños sin ser dueño de nadie. Saltemos al abismo de nuestras camas, mordamos la fruta de la pasión y dejémonos envenenar por la esperanza de que alba se haya quedado dormido tras las persianas.
Que hoy no hay nada ni nadie. Que la calle no despertó. Que el tiempo se paró. Que somos tú y yo. Y nadie más. Y nada más. Solo pasión, y un desnudo sobre el colchón.

24.8.15

A palazos.

Es verdad eso de que comienzan a temprana edad a cargarse a palos tus ideales. Poquito a poco, paso a paso que das, te van calentando esa nube que te sostiene con tus sueños, tus metas, tu forma de pensar, actuar y de ser. 
Es verdad eso de que la vida te da palo y comienza a cargarse tus ganas de luchar. No se equivocan, no, cuando te dicen que la vida te va cerrando puertas, y se desvanecen tus ganas de cambiar algo a mejor, pinchando poco a poco, como si fuesen pompas de jabón.
Es verdad todo aquello y más. Que la gente está sucia por dentro, que se suicida la verdad por corrupción, por ideales mal cosidos.
Te quitan las ganas de ver las pocas cosas buenas que hay en cuatro paredes, y aumentan el impulso de escupirles a la cara aquello que no se creen ver.
Pero jode tanto que te paren cuando quieres comerte el mundo en la edad en la que comerse el mundo se tiene como bandera, que ya no sabes ni si las carreras son correctas, si las sonrisas son de verdad o si en serio hay una misera alma que piense con lógica y según una razón correctamente engrasada.
Total, sigamos señores, sigamos. Que aún hay gente con ganas de mejorar esta puta sociedad que aun no ha suicidado sus ganas. Pero se comienza a pensar que quizá lo mejor sea dejarse llevar por la corriente y ahogarse en alta mar. Como todos quieren. Como los lameculos quieren. Como los que te pisan quieren

Fundiremos universos..

Sabíamos que la vida nos perdonaba los abrazos congelados, los besos olvidados, las pasiones en reposo.
Y también sabíamos que el tiempo se hacía nuestro y que las fronteras se destruirían tras nuestros pasos. 
Sabíamos que la vida y el mundo nos pertenecían, y que el contexto dejaría de separarnos para crear amaneceres y fundir universos.

18.8.15

Es así como surgen los universos.

Ocurre que no siempre las cosas nacen de una semilla que germina en el contexto adecuado. 
Está casi asegurado que de la explosión de un instante de miradas entrecruzadas se formen universos donde es fácil desviarse entre las estrellas.
Es posible que entre las constelaciones de los lunares de su espalda puedas perderte sin quererlo, como un laberinto donde encontrar la entrada pero no la salida.
Es muy seguro que se te escape la vida pensando en cómo sería morder los pétalos de sus labios. Aquellos en los que se narran historias de libros abiertos y por escribir, que quizá surjan de la iniciativa de un pie que quiso comenzar a correr por puentes que no daban más allá que al horizonte donde quería perderse.
No es extraño de pensar que entre sus manos se puedan desatar firmamentos que recorran las curvas de tu cuerpo, y que con el contacto se cree la melodía perfecta para oídos pocos afinados y el aire que te susurra que es el camino correcto aquel que decides con el corazón.
No es imposible que entre la selva de tus sueños se forje los sentimientos contradictorios de mareas que bailan al compás del viento, que acaricia las soledades de los balcones abandonados, y siempre te encuentres entre las estelas del mar que hace de espejo de los rostros olvidados.
Incluso puede que de chispas escondidas nazca el fuego interno que sobrevive al frío de camas separadas, de sábanas mojadas de desamor que pesan más que la noche que jamás se quiso hacer día.
Y así se escapen los segundos en el reloj, haciendo un zig-zag equivocado. Rincones de las esquinas de tu alma, que comienzan a tener en cuenta que es más importante comenzar a vivir la efímera vida antes de que se te escape al completo.
Y las sonrisas vuelan entre fronteras inexistentes, dónde tu cabeza quiere soñar con lo que es posible alcanzar, pero de forma no tan fácil.
Sucede que a veces quieres darle el sentido merecido a tu vida, y comenzar a escapar de la aburrida rutina, de las persianas bajadas, de las horas muertas en la almohada. Y te surgen las ganas de encontrarte entre sus brazos, en sus abrazos que desenfocan al resto del mundo. Y desaparecen las mañanas de desayunos encubiertos tras las ganas de volar y la serenidad de quedarte en tierra, como marinero desolado.

Es así, soñando y dejando de censurar a la memoria y al cuerpo cuando se queman los calendarios y se atrasan los relojes. Cómo se curan los días desperdiciados y se sueña no tan solo con los ojos cerrados ni con las alas encapotadas. Es así cómo se comienza a vivir las historias que un día escribiste pero jamás llegaste a representar. Cómo nacen los universos de un cosmo ordenado a tu disposición. Es así cómo se quema a la muerte y se ama a la vida. Cómo de un juego de sábanas enredadas y sombras que se cosen abrazadas nacen los firmamentos, aquellos que bautizamos con nuestros encuentros. Es así de simple cómo surgen los universos.

16.7.15

Perdona.

Perdona, me has cogido cambiándome de corazón. Hace mucho que dejamos de querernos. Todo era ya silencios y eternidades.
Los aguaceros se hacían cada vez más difícil de parar, y acabamos explotando.
Los sueños más dulces se hacían amargos entre gritos y ruidos.
Fueron tiempos bonitos, hasta que se torció la vida. Y ya no aguantamos más.
Se deslizó el día en un suspiro, y el opaco de la noche abarcaba las esperanzas.
Fueron tiempos en los que soñar nos estaba permitido. Pero se dispararon las balas y nos hirieron de desamor.
Las gargantas profundas se convirtieron en abismos. Las faldas en ropa de cajón. Las sonrisas en atrezos que enterramos para otra función.
Perdona, me has cogido con la despedida en la boca. Con los labios sellados del ayer.
Fuimos un todo, que se ha partido por la mitad. Mitades partidas en mitades.
Caminábamos pensando que el contexto no nos afectaba, pero se acabó haciendo sintaxis en nosotros, separándonos en Sujeto y Predicado. Sujetado y Predicando.
Se deslizó el reloj entre las hojas de otoño, y ya no pudimos volver a pegarlas en las ramas. La primavera se hizo estación no deseada.
Perdona, me has cogido en sintonía equivocada. Y ya me iba. He recogido mi maleta con mis pocas pertenencias, y me dirijo al avión.
Perdona...ya te llamaré. Te contaré cómo me he vuelto a inventar. Pero ahora no puedo hablar: la cobertura de mi voz está perdiendo señal.
Perdona. Me despediré de ti en el olvido. Pero no te vayas lejos, que la luna no sabe tu dirección y el camino de estrellas se ha desordenado.
Estamos en contacto.
Pero, perdona, me has cogido de escapada.

15.7.15

Amiga del aire y la arena.

-¿Sabes? Su nombre no hace justicia a su significado.

-¿Qué?

-Se la conoce como 'Arenaria' o 'Barrón'. Pero la traducción de su nombre al castellano es más profunda de lo que crees.

-¿Y cuál es su nombre?

-Ammophila arenaria. Significa- dice mientras que la acaricia suavemente entre sus dedos- Amiga del aire y de la arena.

-¿Del aire?

-Sí. Porque por las noches, cuando nadie la mira, se siente sola. Y para calmar su soledad, el aire la mima, la besa, la abraza, la acuna y la acaricia. Entre susurros, le dice que la ama, que, sin pertenecerle, siempre le tendrá. Porque el amor, querida mía...el amor no tiene por qué verse. Basta con sentirlo. Al igual que el barrón siente al aire pero no lo ve.

-Pero no es lo mismo que te amen en presencia que en ausencia.

-Pequeña, la imagen es física, material. Facilita muchas cosas, pero no abastece todo. Lo importante. Lo realmente importante es el sentimiento. El sentirte arropado aún sin tener a nadie que te abrigue. Yo puedo amarte sin tenerte, sin atarte. Puedo amarte, pero no capturarte.

-Es posible que sea así.

-Pero el amor es doble para la Arenaria. El aire le abraza en superficie, pero quien le hace sostener en tierra es la arena. Por eso que también es amiga de ella. La arena consigue capturarla. La detiene. Prohíbe que huya con el aire. Pero es la misma planta quien dejó crecer sus raíces hasta lo más profundo de la tierra, cortando sus alas.

-Pero eso no es bueno. La planta debe ser libre.

-Y lo es, pequeña. Es libre. Ella ha elegido también. Es la arena quien la alimenta. Quien la abriga también. Es el amante que la hace centrarse, que le pide precaución.
Imagina por un momento que la arena no la detiene. Volaría junto al aire, sí, pero no tendría su base. Sería una planta sustentada en la nada. En algo. Pero no viviría mucho, porque no se puede alimentar. O tal vez sí. Y sería muy feliz.

-Entonces, ¿por qué no lo intenta al menos?

-Posiblemente por miedo. Porque puede arrepentirse.

-¿Y por cobardía se cohíbe de amar libremente con el corazón?

-Mi vida, no. Ella ama. Ella ama al aire. Ella ama a la arena. Es como sentirse entre la espada y la pared, pero no sufre. Tiene esa capacidad. Se abastece de todo lo bueno que le da el aire: ese amor, las caricias, los susurros que nacen del corazón, los besos... , pero también obtiene el calor de la arena, el alimento, el sentirse protegida, el ser arropada entre los brazos de la tierra.
Puede ser difícil de entender. Pero la planta ama a quien la trata bien.

-Pues que suerte que tenga dos amigos así, que la amen.

-Si, mi niña. Es un regalo. Y por eso hay armonía. Los tres lo saben. Los tres se aman. Los tres se respetan. Tan solo han aprendido dónde está el límite para no invadir el espacio del otro. Pero se aman. Y eso es lo bello.

-¿Cómo nosotros?

-Sí, mi reina: como nosotros.

8.7.15

Moriona

Naciste luchando y te fuiste luchando también.

Ayer se apagó una de las grandes. Venus y Júpiter lo sabían, por eso llevan días abrazados en el cielo para mostrarle el camino de su destino.

Siempre aprendiendo a compartir la vida en una sonrisa, conquistó corazones de alta mar, de capa y sombrero, de sueños fáciles, e incluso de los que son difíciles de penetrar.

Pero si algo nos enseñó la más brillante de las estrellas terrestres es que al mal tiempo hay que consolarlo con buena cara. ¡Y tan buena cara, y tan mal tiempo!

Y si hay algo que le sobre a Maribel más que la eterna alegría, eran las personas que se enamoraron de ella, los que lucharon a su lado cuando las luchas se hacían eternas. Personas que darían un cachito de su vida para reconstruir una entera. Y es que los premios no se ganan sin esfuerzos, aunque no requería ningún esfuerzo ver la luz que desprendía.

Maribel , naciste grande y te fuiste inmensa, por el arco del triunfo. Y una vez cerrado el telón y encendidas las luces, todos nos hemos ido con el buen sabor de boca de una actuación digna de aplaudir.

Ni tú ni yo elegimos esto, pero te agradezco de todo corazón que fueses parte de mi familia, pues te garantizo que no conocerás jamás a una sobrina que esté más orgullosa de su tita, por tu valentía, por derrochar belleza, por besar cicatrices y por alegrar con tu simple presencia.

Te he visto al nacer, al cumplir años, al soñar despierta.
Te he visto ganar, te he visto desafiar a la tempestad con el alma abierta, te he visto escribiendo un punto y final que hacía retumbar al eco.

No sé si habrá un cielo, un "más allá", u otra vida, pero voy a creer con todas mis fuerzas en que vas a acompañarme en mi día a día, en mis tropiezos y, sobretodo, en mis triunfos. Voy a hacer que te sientas tan orgullosa de mí como yo lo estoy de ti.
Jamás pude dedicarte una novela o una noticia, pero te voy a dedicar cada uno de los pasos que dé.

Lucía María Isabel Morión García...mi mori...descansa en paz, porque más que tú pocas personas se lo han ganado. Por tu constante lucha.

Abuelo, ya está contigo. Cuídala, protégela, abrázala y bésala, que la próxima juerga nos la montamos en el cielo.

Maribel amaba la vida tanto como nosotros a ella, y por ello vamos a disfrutarla.

Dos estrellas terrestres brillan ya en mi cielo.

Hasta pronto. Y que sepas que hay ángeles que vuelan sin necesidad de alas.

Te quiere: tu ratona.

11.6.15

Sequías en estaciones equivocadas.

Y muerta la luna, ya no cabe soñar con el romance pasajero de un invierno voraz, que engaña con sus besos encendidos de pasión, haciéndoos creer en estación equivocada. Y porque no es verano, sino calentón, la lluvia llega para llenar días de sequías, de corazones de luto, de camas vacías y de besos light que no saben a nada.

Y como el alma sueña con unos brazos que la abracen, haciéndola sentir, no tan solo viva, sino más querida que la luna fallecida, ella llora, y vaga, y pide, y calla, condenada a ser una llorona sin consuelo dentro de un cuerpo aún no viejo, pero sustentado en el espacio y el tiempo; que quiere escapar, pero no puede.

Y muerde más la muerte que el perro que dejó de ladrar bajo tu ventana, dejando que el alba acaricie tu corazón húerfano de compañía.

Y muere el día en compañía de la noche, dejando que el lobo aúlle al cadáver de una luna más fría aún si es posible, que en el cielo no pestañea; porque está muerta. Muy muerta. Porque tú la mataste.

26.5.15

La crisis del café

Etiopía amanece. Azmera despierta sus oscuros ojos para ir de nuevo a recoger las semillas del café a la plantación. A pesar de tener escasa edad, es su tarea diaria para poder alimentarse. Pero ella sigue divirtiéndose. Es una niña alegre que valora cada minuto de su vida, y para ella, que apenas conoce otra cosa, recolectar café es una buena forma de despertar, porque, para ella y tantas otras familias etiopes, el café es el oro oscuro.

Valentina, casi al otro lado del mundo, despierta también. Su amanecer llega horas más tarde, al igual que el café llego a Colombia (su país) muchos años después. 
A Valentina le pasa lo mismo que a Azmera: el cultivo del café es su moneda para el mundo capitalista que inventaron los ricos, donde la vida no trata de coger el alimento que la naturaleza te ofrece como regalo por haber nacido, sino que tienes que ser esclava de los humanos: trabajar para coger lo que tienes al alcance de tu mano. Lo único que diferencia a Valentina de Azmera, a pesar de su piel algo más clara, es que a la pequeña colombiana no le gusta trabajar allí. No se divierte tanto, y prefiere ensuciar sus manos con la arena de la playa, más que con la de tierra de cultivo y semilla. Pero la educaron para cumplir obligaciones y no placeres, así que trabaja sin quejarse.

Algo más al sureste, en la selva brasileña, Jandiara ya recoge esos frutos rojos, y cuando los adultos se dedican a trabajar muy concentrados, o se despistan, juega con sus amigos a esconderse en la plantación. ¡Es mágico escuchar el sonido de los pájaros selváticos que viven en libertad mezclado con las voces de los niños que juegan a esconderse de los ojos con color de café!, aunque los adultos no opinan igual. Jandiara se duerme por las noches sin pensar en qué otra vida podría haber tenido si no hubiese nacido en su familia. Ella desconoce la importancia que tiene el ser hija de una persona o de otra, y más desconoce aún la avaricia del dinero. Ella duerme con la única intención de despertar y amanecer de nuevo en la plantación, para volver a esconderse de sus amigos cuando los mayores no miran. 

Azmera, Valentina y Jandiara no son las únicas niñas (y niños) que trabajan en plantaciones de café en el mundo. Las tres chicas ni si quiera saben de la existencia entre ellas, aunque puede que fuesen muy amigas. Lo que une a Azmera, Valentina y Jandiara es la historia que comenzó en un amanecer en particular (aunque a distinta hora). 

Era un día de verano de sabe quién qué año. El amanecer no olía a cafetera en una casa de personas que se permiten tener el café molido, sino que olía a café abandonado. Olía a un amanecer distinto. 
Azmera se despierta la primera de las tres protagonistas de esta historia. Esta a punto de descubrir una crisis más fuerte que la de crack del 29. Pero aún no lo sabe. Se levanta, desayuna lo que puede, y se dirige a la plantación. Su mayor sorpresa es cuando descubre que no hay café. ¿No hay café? ¿qué maldición ha pasado? ¿quién robó el café? No, la respuesta no es que el hombre blanco robó el café; ellos tan solo explotan sus tierras y pagan muy mal el grano y el trabajo, pero no lo roban sin previo aviso y en la noche. Azmera y su aldea están desorientados, sin habla. La tierra se ha parado, ya no respira ni le late el corazón. Simplemente se deja estar. El coma de la Tierra. 
Azmera mira a su alrededor. ¿Qué pasa? No hay respuestas.

Horas más tarde, en otro continente, Valentina despierta, sin ganas de hacerlo. Se lava su piel morena y sus ojos morochos. Se viste y camina a la plantación. Una plantación sin fruto. "¿qué pasa, abuelo? ¿la tierra se enfadó y no quiere dar café?". Su abuelo, mudo, no responde, solo contempla el inicio del caos. 

Jandiara descubre lo mismo. Sin café no hay trabajo, no hay risas entre hojas. Pero ella no acaba de comprender que no es lo único que va a desaparecer. Sin grano no hay café tostado, no hay café molido para nadie. Y, por supuesto, no hay café procesado para los ricos en sus casas. 

Es en este instante cuando el mundo se da cuenta de que el café no es tan solo una bebida caliente y estimulante para el desayuno. Es mucho más. Es la verdadera droga del hombre. 

Pero observan más cosas: los que trabajan por y para este producto descubren que toda su vida es café, y curiosamente, este grano le regala hasta el color a su piel, su pelo y sus ojos. 

Pasa una semana y los burros no cargan sacos de grano para tostar, los pobres no tienen fruto que recoger y los ricos no tienen café qué tomar.

Pero lo más curioso es que cuanto más pasan los días Azmera, Valentina y Jandiara sufren una transformación. Latinoamérica y África sufren una metamorfosis. Van descubriendo, en diferentes partes del mundo, que el color de su piel ya no es tan oscura; sus ojos se vuelven celestes y su pelo cada vez más claro. 

Azmera se mira sus manos blancas como la gente de Europa. Valentina se asombra del daño que le produce el sol a sus nuevos ojos del color del cielo, puro reflejo del infinito. Y Jandiara se mira al espejo asombrada por sus cabellos dorados como el sol.

Pero, ¿qué ocurre? Parece que el café no es tan solo la droga de los humanos, sino también es la vida de otros, es la esencia de muchos. 
Azmera, Valentina y Jandiara nacieron de la tierra. La semilla del café se sembró junto a la semilla de aquellos que nacieron sobre los continentes excluidos por los nacientes al norte de la línea del ecuador. El café se deja de consumir. El café desaparece, y la piel se blanquea, los ojos se aclaran, y los cabellos se destiñen. 

El café se llevó consigo el aroma, el olor, incluso su color. La Tierra pierde el color tostado, y juega con el resto de la paleta de tonos. La Tierra ya no es tierra. Ahora es inestable, incompleta, sin el color elemental. La Tierra ya no será más tierra. 

Azmera ya no trabajará en los cultivos de café. Valentina ya no se lamentará por desnudar la plantación. Jandiara ya no reirá más entre granos.
La crisis del café se extiende blanqueando piel, ojos y cabellos. La crisis del café consume lo que queda de diferencia de razas. La crisis del café hace ver que las guerras no se crean por el color de la piel, ni que la tonalidad de los ojos advierte de que una persona sea buena o mala, ni que una persona rubia es más hermosa que una morena por el hecho de ser rubia. La crisis del café enseña moral y escupe verdad, y esa verdad es que ningún color, ya sea de piel, ojos o cabellos, marca la diferencia entre las personas. Las personas marcan la diferencia por sus hechos y no por su apariencia. Y esa es la verdad de la dichosa crisis del café: los países no son más que países, los rasgos no son más que rasgos, un color no es más que un color. La diferencia la marca la esencia y el corazón de cada uno de los humanos. La diferencia es nuestra, sin poner excusas racistas ni fronterizas. La diferencia no es por culpa del café.

8.5.15

Los sueños más que sueños son

Porque la vida es sueño, y los sueños más que sueños son.

Alcanzas a pedir a una estrella que te haga vibrar al corazón. La miras, la acaricias con la imaginación, le cantas, le sonríes y te vas. 
Llegas a tu cama, abrazas tus metas a cumplir, y acabas vencida por el cansancio. 
Día a día, en tu vida repites en tu mente sueños que a veces crees inalcanzables y otras no. 
Pero cuando esa estrella ves que cada vez es más cercana, que ya no tienes que mirarla tan solo sino que casi la puedes tocar de puntillas, te das cuenta de que nada es imposible de cumplir en esta vida.
Tienes ante tu mano la llama de la vida, de tu vida, y coges el timón, disfrazado de timonel, y navegas río abajo. Siempre con miedo, pues es lo que tiene llegar a quien jamás pensaste llegar. Con miedo, pero sin frenos. Con miedo, pero con el corazón abierto, sintiendo el viento a favor.
Y es que los peces de ciudad también saben saltar fuera del agua para respirar, y es cuando sienten la libertad. Como yo, como la estrella que lleva el nombre de mi sueño, como la luna llena, como la compañía en los mejores rincones jamás encontrados.
Veintiún años creando recuerdos inventados en mi mente, y cuando ves que cada vez está más y más cerca, llegando a una velocidad de vértigo, asusta...pero enamora.
Gracias.

7.5.15

Las piernas largas se crearon para escapar

Tiene las piernas largas y una angustiosa curiosidad por saber qué le depara el destino.
Se desliza sin pausa por su camino, sin dejar que nadie la alcance, sin dejarse capturar.
Vuela tan veloz como el aire, y sueña con descubrir el obscuro mapa del destino.
Viaja sin deshacer maletas, sin hacer esperas, sin besar a nadie y sin anclarse en el presente.
Para ella, esbelta y salvaje, el pasado no es más que un juego del olvido, algo por lo que no volver la vista atrás, no más que un noviazgo de verano que jamás llegaría a ser en invierno.
Sin embargo, el presente es el puente que une las dos orillas de un río. Se cruza en un segundo y, trás sus pasos, se hace cenizas para nunca regresar.
Por eso siempre le interesa el futuro, a donde se aventura con ojos divertidos y una sonrisa pícara que ilumina el final de la calle que nunca llega.
Dejó muchas personas atrás, pero no le importa. Ella tiene una carrera infinita que nunca llegara a acabar.
Y sigue susurrando al aire, galopando sobre sus pies. Vuela como un pájaro decidido a nunca volver tras alzar el vuelo.
Por allí donde se cruza con miradas, todos la echan de menos, ya que nunca baja en la parada, y se dan cuenta que llega para deslizarse y escaparse como la arena entre los dedos.
A ella la llaman tiempo, y todos la quieren atrapar, pero nadie sabe que nació para deslizarse y escaparse, como la vida en un suspiro.

27.4.15

Esa libertad...

Esa libertad anormal con la que vuela un pájaro, con la que mira un ojo sin vendas, con la que ama un corazón al galope, con la que besan los amantes encubiertos, con la que vive un pueblo humilde.

Esa libertad casi utópica por la que caminan los sueños, con la que seduce la mujer desnuda en la cabeza del hombre, con la que se desliza la mariposa en el verde jardín.

Esa libertad que apenas existe a grandes rasgos, que solo encontramos en la lluvia que golpea la ventana, con la que el tigre corre adueñándose de la densa y húmeda selva.

Esa libertad que encontramos dentro del espíritu, en los pequeños detalles, en el buen vino o en los buenos relatos.

Esa libertad que se ganó a pulso su propio nombre, que fue herida por los hombres, que aún nos deslumbra, que todavía amamos y que aún nos ama.

Esa libertad que nos visita y que perdemos cuando no queremos verla. Esa libertad. Que está, aunque no queramos tocarla por miedo a romperla, por miedo a hacerla desaparecer por siempre.

Esa libertad.

9.4.15

Para los que se desvanecen entre las nubes de las personas perdidas

Las cosas se olvidan, se pasan a otras personas, se pierden o ni si quiera recuerdas que las tenías. Lo mismo pasa con las personas.
Conoces a alguien que te cambia el mundo, pero descubres que tal como te lo ha decorado no te gusta, te aburre y lo aborreces. Así desaparece otro, cerrando y poniendo un punto y final a la puerta de tu corazón.
Sonríes, te enamoras, bailas, saltas, brillas bajo el sol y te obscureces bajo la lluvia. Otra persona; -"Hola, ¿que tal?, ¿un café?" -"Sí, pero hasta luego después".
Caminos que se separan en puntos que ni siquiera sabías que era el final. Y lo raro es que no vuelves a recordar que esa persona se perdió en tu horizonte, como ese collar que tanto te gustaba. Se desvanecen en una nube de personas perdidas.
Y al tiempo, sentada en un banco de cualquier desapercibido parque te da por pensar, y recuerdas que esa persona que hoy te es indiferente, o que ni siquiera recuerdas su nombre, o que te duele pensar en ella, un día te hizo sonreír y vibrar el corazón. Un corazón que ya se volvió loco de temblar por almas perdidas.
Te das cuentas que las cadenas y las barreras las levantas tú, y no ese maldito Dios al que maldices cada vez que te dan el último beso. Te sientes cansada de andar sin sentir cada paso o cada color de tu camino. Y es normal. Vivir en un mundo donde la música no te hace tener ganas de salir de tu cuerpo y engrandecer el alma no es un mundo en el que se quiera vivir para bailar.
Así se marchitan las caras en los recuerdos, y se olvidan los gestos, el sabor de los labios, ese olor cuando pasaba tu brazo por encima de tu hombro para coger su copa. Se olvidan las pecas, el pestañeo, los escalofríos por la espalda y las mariposas en el estomago. Se olvida como te agarraba de la mano, como te desnudaba tu interior con una simple mirada multicolor. Y sin darte cuenta, aquel que tanto te dolió en su momento y que ambos hicisteis por desaparecer acaba siendo mucho menos que un recuerdo; inexistente. ¡Una lástima!. Personas que importan y dejan de importar; sin saber por qué. ¡Cómo si el corazón y la memoria tuviese límite de amar y recordar!
Cosas extrañas de un mundo extraño, que quizá te redecoró alguien, o que tu mismo quisiste hacerlo.
El caso es que, queriendo o sin querer, las personas se olvidan, se pasan a otras personas, se pierden o ni siquiera recuerdas que las tenías. Como las cosas.

10.1.15

Aquí seguimos.

Ya llegamos. Cogidos de la mano. Me ayudas, me apoyas, me acompañas y sin ninguna queja. Tiras de mi como si fuese parte de ti.
La escalera de caracol se hace interminable, pero te miro, me sonríes y me ruborizo. Ya queda menos, y tu sigues a mi lado. No importa nada más.
Paso a paso, seco, fuerte y decidido, seguimos girando en espiral hasta la cima de un cielo esperado.
Ya estamos.
-No te rindas.
A veces cuesta, pero nadie dijo que fuese fácil.
A lo lejos, al menos se escucha el cantar de los pájaros que vuelan en libertad condicional. Y el abatir de sus alas trae aire de libertad.
Obstáculo que saltamos a lo largo de nuestras vidas, pero ninguno impide que siga agarrada de tu mano.
Aquí seguimos, desmontando mitos, leyendas y prejuicios. Aquí seguimos comiéndonos a besos como si cada día fuese el primero y el último de esta nuestra historia.
Las flores buscan el sol que brilla tras de ti, la lluvia dejó de llorar tras las primeras caídas. Las piedras se rindieron de tirarse contra nosotros.
Ya estamos. Miras hacia arriba, estamos aquí. Me miras, sonríes, me besas mientras aprietas mi mano. El último paso. El último escalón. El último jalón.
Lo conseguimos. No nos rendimos y ahora rozamos con nuestras manos un cielo infinito loco de amar al universo.
Miramos hacia abajo. Y ahí, muy al fondo, están los que no creyeron en la mezcla de continentes en una sola cama. Y ahí están, podridos de odio hacia ellos mismos, podridos de envidia al ver que las estrellas nos encendieron su cielo nocturno.
Ahí están. Y nosotros aquí, en la cima de nuestro universo, mientras cerramos con un beso la puerta que esconde lo que no creyó en nosotros. En mi "tú" y en tu "yo". Y aquí seguimos, hasta que la luna quiera venir a danzar sobre nosotros, acunándonos así en su eterna nana experta en dormir a los amantes.

28.12.14

Se está solo

Encontrarse solo no siempre tiene que significar estarlo físicamente. Se está solo cuando no encuentras quién respalde tu defensa. Se está solo cuando no hay nadie que llore tus lágrimas. Se está solo cuando huir de un sitio en el que no te encuentras cómodo nadie sigue tus pasos. Se está solo cuando la mente no es comprendida por otros. Solo cuando los abrazos se hacen de rogar y los besos descansan en el país de "nunca jamás". Solo cuando, aun estando rodeado de personas, te sientes en la más absoluta de las soledades.

28.11.14

Ya no es "nuestra"

Esta es una de esas historias que duelen al respirar. Es una de esas historias que hace que la luna llore tras el cristal. Es un cuento sin final feliz, ni caperucitas ni lobos. Es una muestra de los caminos diferentes que se pueden coger. ¿Te arrepientes?... No.
El suspiro sobre el cristal lo empaña, y deja escribir un "y si...?". Un "y si...?" que se borra cuando se enfría el cristal y los sentimientos. Ya no hay preguntas. Y mucho menos respuestas. Ya no quema ni el corazón ni la cama. Ya no queda nada de lo que hablar. Las miradas se ocultaron tras la niebla del dolor. Y ya no queda absolutamente nada de que hablar.
Pudimos serlo todo, es cierto. Pudimos seguir hablando y haciendo planes. Pero no. No quisimos que eso fuese así. Y no me arrepiento.
Se separaron nuestros abrazos, se rompieron los recuerdos, y la memoria se cansó de torturarse con la misma misera historia.
Ya no hay punto y seguido. Pusimos...Puse el punto y final.
Ya no duele la despedida, y la sangre fría de esperar me deja decirte adiós. El adiós.
Y duele porque todas las posibles buenas historias matan cuando se le pone el punto y final. Y nuestra historia la tiene. Nuestra historia ya no es "nuestra". Tan solo queda tu historia y, muy independiente de tí, mi historia. Lo nuestro pudo ser una equivocación. Pero no me equivocaría otra vez.

Adiós.


29.10.14

Sucede que a veces...

Sucede que a veces las sonrisas se hacen tímidas y no quieren salir.
Veces que los peces se cansan de nadar.
Momentos que se sueñan perfectos pero que no llegan a despertar.
Suspiros que saben a amargura y llantos que huelen a soledad.

Sucede que a veces los días largos no se quieren marchar.
Que las nubes navegan sin rumbo ni compás.
Madrugadas que no quieren regalar amaneceres.
Saltos al vacío que no llegan a saltar.

Sucede que a veces los teatros no quieren cerrar el telón.
Que las pompas explotan al chocar con el rencor.
Que las libélulas mueren sin alzar el vuelo.
Veces que la vida se vive sin saber cómo vivir de verdad.

13.12.13

Trozo a trozo

He matado al olvido. Ya no me dejaba dormir. No me dejaba respirar. Ni si quiera abrazar a la soledad.
He matado a la nostalgia. Le enseñé a besar. Le enseñé a luchar.
Le pinté los labios al azar. Y le puse tacones a la lágrima que brotaba sin cesar.
He matado al insomnio, pues no me dejaba soñar. No me dejaba descansar el alma rota.
He matado a la luna, que me espiaba sin parar. Que no me dejaba ver al sol, celosa de no poder tocarlo ella.
He saltado de la cama. He saltado con pies descalzos, sintiendo el camino hasta la felicidad.
He roto las cadenas que me ataban sin atar. Trozo a trozo. Suspiro a suspiro, he cortado con el sufrimiento.
He vuelto a dejar que crezcan mis alas, y el paisaje parece mucho más bello.
He vuelto a ponerle los cuernos a la cama, a la soledad del alma, a la tristeza que no me dejaba en paz.
Ya no quiero oscuridad. Quiero bailar, soñar, reír, amar, volar.
Y he roto con mi pasado gracias a una presencia presente. Gracias a tu sonrisa valiente. Gracias a tu corazón latiendo por verme.

7.11.13

Invisible.

Abrí la ventana...y no estaba él.
Abrí la puerta...y no estaba él.
Miré debajo de la cama, dentro del armario...y no estaba él
Bajé las escaleras, miré en el salón, en la cocina, en el baño, en la calle...y no estaba él.
Miré en el espejo...y no estaba yo.

2.11.13

Es difícil el sentimiento de decepción

Hay veces que es mejor tirar la toalla. Mirar por la ventana y no ver a nadie. No hace falta tener quien te apoye, pues incluso los muros más fuertes se pueden derrumbar. ¿Y qué pasa cuando se cae el pilar que te sostiene? ¿el que te da confianza y no miente?. Te quedas vacía por dentro, pero a la vez inundada por miles de sentimientos. No sabes qué pensar, cómo actuar, ni en quién confiar.
Puede ser un fallo. Pueden ser miles que te quedan por descubrir.
Entonces, ¿es mejor no dejarle tu confianza a nadie?. Al fin y al cabo todos somos humanos, y todos pecamos en algún momento. Pero ese único momento puede destrozarte por dentro y hacerte tambalear por tu camino.
Son hilos que se rompen con el tiempo, y al final te das cuenta de que no conoces realmente a nadie, ni a la persona que pensabas que más conocías. Y es en ese instante cuando te duele el pasado y el tiempo perdido. Cuando te encuentras en un laberinto. Donde en mitad del pasillo de tu seguridad se van fundiendo las luces que lo alumbran...bombilla por bombilla.
Y luego, ¿qué queda?. ¿coserte las heridas y volver a confiar? ¿dejar que se cure solo? ¿o ir metiendo el dedo en la llaga para que jamás se cierre?.
Es difícil el sentimiento de decepción. Es difícil jugar a este juego. Es difícil saber que en cualquier momento te puedes traicionar incluso a ti mismo. Y ahí es cuando realmente estaremos perdidos.

10.10.13

¡Pasajeros al tren!

Una lágrima cayó desde la luna hasta su corazón. Paseaba sola con su sombra por la noche. No necesitaba compañía ni melancolías ni serpientes en el corazón. Volaba tras un sueño, tras la ilusión de unos ojos en la oscuridad. No era por la compañía, era por el sentimiento, por no estar vacía. Pero esa mirada fija en la suya tardaba en llegar, y ella ya estaba llegando a la estación.
La luna la seguía desde el cielo, y le iluminaba el camino que debía de seguir.
Sus pasos cada vez eran más cortos y lentos, pues no se quería ir con el llanto de la soledad.
Soñaba con que la sacaran a bailar en el vals del olvido, en el tango de la vida, en la rumba que sabe enamorar. Pero aún no tenía el pelo recogido y los tacones dormían en el armario.
El silencio le cantaba al oído, y las estrellas la escuchaban respirar.
Un aliento de desaliento la ocultaba de los recuerdos de la víspera del ayer.
Su pelo se enredaba en el viento y en los fantasmas de las sonrisas pasadas.
Y ya se veían las vías, y la maleta seguía vacía. Oscuridad y silencio, silencio y oscuridad. Una respondía, la otra lloraba, y un aullido de desesperación se escuchaba en la estación.
Las lágrimas encontraban su camino entre las motas de polvo de un suelo descuidado. Olvidadas entre pisadas.
Y era una noche fría, y no tenía nadie que la abrigara.
Ella comprendía que las flores se marchitan día a día, y una vez decaídas, ya nadie las compraba. Y eso le escupía el espejo a la cara. Ya no era la que era.
La lluvia mojaba un corazón en ruinas. Y las tormentas le declararon la guerra al alma.
Ya llegaba el tren, y los hijos que nunca tuvo lloraban al fondo de las vías. La despedían burlándose de ella.
Y levantó la mano para pararlo.
Se llevaba con ella el recuerdo de un colchón vacío, de un deseo insatisfecho, de unas caricias desconocidas, de un constante llanto en el pecho.
Y el tren se paró, y recogían pasajeros. Y nadie iba subido. Y nadie la despedía en la estación. Y ni siquiera la luna lloró cuando soltaba su último suspiro.

29.5.13

El cubo de las vidas perdidas.

Nació de entre la arena del desierto, tostando su piel al sol. Un suspiro de desaliento y una lágrima en el corazón. Allí estaba, entre la luna y las estrellas, intocable por la soledad y la tristeza. Pequeño, desprotegido, como un pájaro a la cola del huracán, pero de espíritu fuerte y valiente.
El pelo negro como el carbón bailaba al son del viento que se llevaba sus sueños. No pedía mucho al destino ni jugaba a contracorriente. Soñaba con el alma del niño que era, pero con las esperanzas y los deseos de aquel que conocía el juego de la vida. 
Recorrió el desierto, el cielo y el mar a través de un mapa y siempre quiso conocer más allá de la luz del alba. Corría tras la última estrella de la noche que se escapaba de sus manos. 
Las piedras del camino le hizo madurar y ser más fuerte. 
A veces olvidaba cual era el sueño que perseguía, pero la luna se lo susurraba entre llanto y llanto. Se dejaba guiar por las olas del mar y no siempre llegaba a tierra firme, pero aprendió que en toda orilla hay algo especial. Empezó a valorar lo que la marea le traía a la isla desierta de su soledad. Algunas cosas bellas, otras no servían; puede que alguna vez solo le sirviese para entretenerse entre oscuridad y oscuridad. Pero comenzó a aburrirse de la basura que el mar le arrojaba, y se hacía notar en su mirada. Ya no era aquel niño que soltaba suspiros para volar más alto; se había hecho mayor.
Cada vez veía su camino más gris, rutinario, aburrido y desbocado. Pero estaba de suerte. La estrella de los sueños se enamoró de sus ojos oscuros y profundos, de su gran corazón, y quiso regalarle una delicada flor del desierto. Y al despertar, allí estaba, en la ventana brillando como si fuese intocable, latiendo con su propio corazón y con sus ojos clavados en él. Corrió tras ella por la autopista de su utopía, intentando alcanzarla. Pero ella tenía alas de seda, y tan solo se dejaba llevar por el viento. 
El chico de piel morena cayó por correr en contra de la brisa que le provocaba el miedo, pero siempre levantaba y seguía el perfume de su flor. 
Era la hora de no rendirse, de atrapar entre sus manos de cristal la luciérnaga que alumbraba su camino, y decidió navegar tras ella. Por una vez el viento no le daba en la cara, sino que se unió a él, haciendo volar las velas de su velero hacia donde le guiaba el corazón.
Y de tanto correr se chocó con el horizonte, y la oscuridad de la nada le saludó. Peligraba ante el abismo y de morder el anzuelo de Satanás. Pero entonces llegó, convirtiéndose en la cicatriz de la herida de su corazón, como si fuese la luz de la ilusión que cura al que está perdido. Ella le miró, él le sonrió, y su mano le agarró con un temblor seguro, salvándole de caer en la boca del lobo, de caer en la muerte de la vida.
 Y sus labios se rozaron, y sus alientos se encontraron, y el alma abrazó al alma, y dos caminos se hicieron uno en el cubo de las vidas perdidas.

20.3.13

Él

Lo tengo al lado y no sé cómo actuar. Me llega su olor, como una droga que hace a mi cabeza estornudar aquello que algunos llaman locura.
Me siento bien a su lado, tranquila, segura, y sobre todo, feliz.
Tampoco es mucho tiempo el que ha pasado desde aquella primera mirada, tampoco es mucho lo vivido comparado con lo que llevamos de vida sin conocernos, pero todo tiene un principio, y se crea lentamente sobre una base que nació de un segundo en especial. Nada nace de la nada, ni de la mitad del tiempo.
No coincidimos en todo, pero tampoco es malo. Al contrario, a pesar de tener algunas diferencias, no nos importa, y eso me gusta.
Tiene una sonrisa que hace de medicina para mi alma. Sin exagerar, es preciosa, como sus ojos oscuros en los que me pierdo, como su voz, como él... .
Y sus besos...¡Qué decir de sus besos!. Son suaves, tiernos, con el corazón. Besos con aroma a café, a recuerdos acumulados en los dos.
Y cada día con él es un regalo, un día donde me siento bien, y en el que no falta la sonrisa en mi cara ni el brillo en mis ojos.
Y cada día sin él es una realidad absorbida por la miseria de un día sin su voz, un día donde las sombras me persiguen por cada rincón, recordándome que no hay nadie que me abrigue hoy. Pero es una forma de dejar que las ganas de vernos hagan piruetas alrededor de nuestro sentido común, y dejarnos ver que nos echamos en falta.
Me dejó en blanco con la primera mirada, me bloqueó con la primera sonrisa, pero me conquistó con su forma de ser.
Dos mundos separados por un mar. Dos culturas muy diferentes. Dos almas que encajan, como los abrazos que me da. Una persona. Dos corazones latiendo al compás de nuestros besos. Millones de estrellas que nos abrazan desde el cielo. Un sueño, un destino, un futuro imaginario, donde él es el centro.

29.1.13

Antonio Morión y Ponce de León.

Hace un año que tú cuerpo dejó de emitir calor. Un año que no escucho tu voz. Un año desde que tus ojos ya no brillan y desde que tu sangre se congeló, dejando un hueco frío en nuestros corazones, y muchísimos recuerdos valiosos en nuestras memorias.
Fuiste un gran hombre, y pocas personas llegan a ser como tú.
Ya no puedo cogerte de tus manos mayores ni decirte que ibas muy guapo con esa corbata.
Hace un año que un gran corazón dejó de latir en este mundo, y aún soy incapaz de creérmelo, porque es difícil de asumir que la persona que me cuidó de niña y con quien sonreía, se ha ido, que ya no podré volver a decirte "te quiero" directamente. Ya no podré reír cuando cantes de nuevo la canción del "lavadero", ni la misma historia de siempre de la guerra. Y no quiero eso. Quiero que estés con nosotros de forma material, porque te quiero volver a ver sonreír y verte haciendo tonterías. Quiero que me vuelvas a decir que tu nombre es Antonio Morión y Ponce de León, y dormir en tu cama las noches de tormenta, escuchando como, poco a poco, se alejan.
Abuelo, nunca te olvidaremos, y espero que estés cerca de nosotros para darnos ánimos para seguir adelante, porque todos necesitamos esa fuerza y esa energía con la que tú enfrentabas la vida, y todos necesitamos esas ganas de vivir que tú tenías.
Te quiero mucho, abuelo.


(Escrita el 1 de Febrero del 2010)

28.1.13

Entre libros

Tus ojos se clavaron en los mios.
Fue una tarde triste, como mi melancolía.
Tu sonrisa bailaba al compás de mis latidos y tu olor penetraba por cada poro de mi piel.
Estaba nerviosa sin ningún motivo.
Aun no conocía tu nombre y ya necesitaba llevar tu apellido.
No hablabas, no mirabas más que tu cuaderno, y yo desconcentrada averiguando cómo sonaría tu voz.
Hasta que al fin tu folio te escupió a la cara la verdad: que llevaba toda la tarde planenado cómo hablarte.
Y al fin, nuestras miradas se enredaron. Me sentí desnuda por un momento, tranquila, capaz de llevarte al cielo a través de mis caderas.
Sonreíste para mi, y mi cabeza enloqueció.
Sonreí para tí, y tus simples palabras se dispararon de tu boca clavándose en el centro de mi corazón.
Ese simple "te encontré" que llevaba ensayando para mi primer amor se escuchó por todo mi cuerpo, y la valentía ardió por mis cuerdas vocales, siendo capaz de pronunciarte lo que ambos queríamos escuchar...

27.1.13

No necesito tu burbuja


No necesito dinero para ser feliz, ni 20 amigas que me apuñalen por la espalda. Tampoco necesito un traje caro cada noche para sentirme guapa, ni una botella de alcohol para reírme de mi.
Solo necesito una sonrisa en mi cara, nacida de de la luz del paisaje y los rayos de la luna perfecta. Una montaña de sentimientos inmaculados, puros, cual aire recién renovado.
No deseo más que una lluvia que limpie de la calle los espectros de la noche, una borrachera de amor en el corazón. Darle la mano a la felicidad y escupirle a la hipocresía de tus palabras amables.
Lo último que necesito es ver como ensucias mi camino y como bailas al compás de una canción perfecta. Pero te traigo conmigo mi vida simple y natural, donde el dinero no ocupa el primer plano, donde mis modales mediocres derrumban a tus gestos medidos, donde mis sueños y mis metas van más allá de tu estuche de maquillaje, donde lo que importa no es la cartera de la gente, sino lo que llevamos dentro.

13.1.13

Amo la vida...

Amo la libertad por encima de todo. Amo soñar antes que vivir en la realidad. Amo viajar antes que caminar por lo conocido. Amo la risa de mi corazón por cualquier tontería. Amo el horizonte que me esconde un nuevo día. Amo el poder regalar mi cultura a otras que me muestren la suya. Amo la vida, porque me da oportunidades de  ser quien realmente soy, de crecer día a día, de aprender sin necesidad de libros, de bailar con cada obstáculo que se anteponga en mi camino. Amo esta tierra donde tengo la oportunidad de hacer feliz a la gente, y de ser feliz gracias a ellos.

5.1.13

El silencio de mi interior

El reflejo de libertad se ilumina en mi mente, y mi corazón vuela en la distancia de lugares no conocidos. Ciega...ciega viajo en mi imaginación, pues mis pies me atan a la tierra y mis alas se quemaron bajo la rutina.
Intento huir, intento gritar, pero no obtengo respuesta. Me siento sola, abrazada por la impotencia de no poder, aún pudiendo hacer lo que quiero.
¿Y qué es lo que realmente me ata?, ¿es la responsabilidad de los estudios? ¿es mi familia? ¿es la distancia o el dinero? ¿o puede llegar a ser que realmente tengo miedo de tener una pista por la que correr y despegar ante mí?. No lo sé...
Tan solo sé que mis maletas están deshechas, mi ropa sin planchar, mi pasaporte ahogado en el polvo del olvido, mi voz atada a un grito sordo por ser liberada y mi necesidad de viajar, despierta en el silencio de mi interior...

7.11.12

Sentimientos muertos en el aire

Un billete de ida sin vuelta.
Un corazón cegado por el olor a mar.
Un suspiro sin esperanza.
Una mirada que llora de dolor.
Unos labios desgastados por los recuerdos.
Un cuerpo perdido en la lujuria del deseo.
Un tiempo muerto en el reloj de arena.
Un barco hundido en el pasado.
Un pasajero sin regreso.
Una playa vacía en la soledad de la nada.
Una cama fría de amor.
Un secreto escondido en el alma.
Una mentira disfrazada de verdad.
Un sueño sin alcanzar.
Una agonía sonriendo en el silencio.
Un pájaro muerto en tierra.
Un alma soñadora herida de muerte por una sociedad demasiado fría y racional... .

4.11.12

Y poder volar lejos...

Me siento atada a un lugar que no es el mío, pues ninguno lo es.
No quiero vivir en la rutina de un paisaje que no cambia, de unas caras que reconozco muy bien. Lo único que deseo es volar con el viento hacia cada rincón del mundo. Sonreír al futuro sin tenerlo planeado, jugar con el azar y el destino.
Pero la sociedad me obliga a atarme a un único lugar, donde debo montar una vida aparentemente feliz, sin poder realizar lo que quiero. Es como vivir en la cárcel del tiempo, donde no puedes hacer nada por evitar que se escape, mientras que tú lo ves sentada en un sofá al llegar de trabajar.
No quiero esa vida, no quiero ser como los demás y conformarme con nada. Simplemente quiero saborear cada segundo de mi vida, y sentir mis sentimientos vivos.
Pero todo esto quedará como un deseo nunca alcanzable de lo que siempre deseé, pues todos se empeñaron en que debemos vivir anclados a una rutina repetida diariamente.
Y me quedará tanto que ver, que experimentar y que desear, que siempre tendré en la cara esa sonrisa amarga que veo en la gente al caminar. Al fin y al cabo todos somos esclavos del deseo de libertad, que vuela lejos, cual ligera paloma que cada día ve un distinto amanecer. Y eso es lo que quiero, ser la paloma de mi vida, que me lleve con mis propias alas hacia mi libertad, hacia mi sueño, y poder acariciarlo con los dedos, y poder sonreír sin amargura, sin falsedad, sino con el corazón

1.11.12

Grano a grano.

Nunca pensé que la vida diese tantas vueltas.
Desde que nacemos, olvidamos continuamente cosas que no deberíamos  y así hasta que llegamos al olvido definitivo: la muerte.
Siempre soñamos con ser quienes realmente no somos, con vivir vidas que no son las nuestras, y desperdiciamos  el tiempo hasta que vemos que no quedan muchos granos de arena en el reloj de nuestras vidas.
Y es, cuando nos damos cuenta de esto, el momento en que nada podemos hacer, mas que extrañar lo perdido.
Es el momento de arrepentirse,de sufrir por lo que jamás hice y siempre deseé hacer.
Y la muerte me acosa en cada rincón, y observa cada paso que doy. Yo no hago más que  temblar, y acostumbrarme a las sombras de mi soledad.
Y así pasan mis días, esperando a que mi "tick-tack" interno fallezca en el intento por salvar mi vida. y de este modo, poder morirme en paz, en los brazos de la muerte y en los labios del olvido.

30.10.12

Solo una noche.

Fue mío durante una noche...esa noche.
Su cuerpo entre mis manos, sus labios en mis labios. Sus ojos solo se fijaban en mí.
Sus pensamientos me pertenecían...
Él era mío, durante esa noche. Su sonrisa, sus palabras, sus caricias... .
Su cuerpo temblaba por mí, por nuestro contacto.
Su voz...esa voz era mía.
La luna era nuestra, y el mar nos pertenecía. Las estrellas soñaban con ser nosotros, con ser lo que, bajo ellas, fuimos.
Su risa se reía por mí, y yo era su lugar.
Esa noche...solo esa noche fue para los dos.
Yo era su deseo y él el esclavo del mío.
Su torso, sus músculos se morían por mí.
Sus labios rozaban mi cuerpo y sus palabras mi oído. Lo sentía, y él también.
La noche era nuestra. Solo una. La última noche... .
Su piel oscura era mi recorrido y la mía su perdición.
Sus pensamientos, sus manos, su cuerpo no pertenecía a nadie más que a mí. Al menos durante esa noche.
Su corazón latía por el mío y el mío latía por él.
Eramos dos amantes a contrarreloj, huyendo bajo las estrellas del sol. Dos desconocidos que compartieron una noche: la noche del adiós.
Pero la luna es confidente de nuestro secreto, de lo que hicimos a la orilla del mar, de nuestro amor fugaz, como la oscuridad, como la noche que fue solo nuestra... .

29.10.12

Mi enemigo es la distancia

Sentada en el salón de mi casa, me di cuenta de que aún le echaba de menos. No sé el por qué ni el cómo, pero era así.
En mi día a día habían muchas cosas que me recordaban a él. Su sonrisa, su voz, su acento, su mirada, sus manos, su cuerpo, su sabor, su olor..., me perseguían a donde quiera que fuese. Y eso era una tortura para mi, pues sabía que no volvería a verle jamás.
La agonía me perseguía por los pasillos, y mi razón cada vez era más débil.
El olvido aún no era amigo de mi soledad, y yo ya  no sabía que hacer.
Era una obsesión nacida del escaso tiempo de un fugaz romance a la orilla del mar, con la luna de testigo y una indeseable despedida como punto y final.
¿Y qué le hago si aparece en mis sueños?. No puedo controlarlo, y así todo el esfuerzo que hago durante el día por no pensar en él, se desvanece, como las lágrimas en mi soledad, en un instante.
Podría cruzar el mundo. Viajar como siempre soñé. Con el corazón por bandera, siendo agitado por la poca cordura que me queda. Así lo buscaría, y volvería a besarle callando de esta manera, al fin, los gritos de mi desesperación.
Pero todo queda en proyectos sobre el aire, que se derrumban cuando vuelvo a mi cama sola y fría, recordando cuando nos fundíamos en la arena, con el aroma a mar mezclándose con nuestros olores.
La melancolía hace de despertador, y mi pena me consuela de la ausencia de su cuerpo a mi lado. Ya no hay besos que me despierten ni latidos que me hagan soñar.
Pero aun confío en que, al otro lado del mundo, su corazón siga pensando en mí y sus labios ardan por besar los míos. Y así, aunque jamás estemos en frente el uno del otro, nuestros recuerdos seguirán vivos y nuestros corazones abrazados en la distancia.

1.9.12

Mi sueño

No hay nada más hermoso que ver el renacer del atardecer.
El mar trae el recuerdo de aquello perdido tras el horizonte, y el cielo infinito nos muestra los sueños inalcanzables de muchos.
El aullar del viento nos susurra los secretos guardados al otro lado del mundo y nos roza con el mismo aire que acariciaba a aquellos que no conocemos o que están lejos.
Siento que mis sueños reviven con este lienzo pintado de colores anaranjados y violetas; me siento libre, con fuerzas, con ganas de luchar por lo que quiero: viajar. Viajar hasta el fin del mundo. Averiguar cómo es el cielo que cubre cada parte de la Tierra, conocer gente y culturas nuevas, y amar. Amar a aquellos corazones puros perdidos en cada rincón del mundo.
Pero como un leve suspiro, mis sueños se escapan de mis manos al darle la espalda a este escenario; sueños que huyen al cielo infinito, cada vez más lejano y más alto.

30.8.12

Besos con sabor a sal

Llegó de entre las olas escribiendo bajo las estrellas. Escribiendo aquello que su corazón dictaba, aquello que ansiaba desde lo más profundo de su ser. Nadie sabía que en el puerto le aguardaba un solitario corazón cegado por el aire con olor a mar y la esperanza de volar junto con las velas de su navío. La ignorancia era un camino para los dos sin luz que lo iluminara, hasta que poco a poco, rozando el cielo los rayos de luna, el día se hizo noche y sus labios se encontraron. Sus manos en la cintura de ella, miradas que dicen más que callan, el pelo al aire, indomable como un corcel, un juego de lenguas que no acababa... .
Aquella noche que parecia tener un punto y final, trajo consigo un sin fin de besos bajo las estrellas. El mar escondía el secreto de ese intenso y fugaz romance entre las olas, y solo la playa conocía lo que en ella pasó entre los dos.
La noche se despidió con ternura de sus abrazos, dando lugar al día menos deseado. El día del adios.
Prisas por las calles, agua salada en el corazón. Esperando a un joven marinero, sin ser marinero, que se hacia esperar desde su barco. La joven inquieta reía por todo, dejando ver que no estaba tranquila, dejando apreciar que deseaba verlo de nuevo y acariciar sus labios con un suave roce de emociones.
No se retrasó mucho el encuentro. El marinero vestido de uniforme brillaba bajo la luz del sol, y el corazón de ella  estalló en un incontrolable deseo por no separarse de él jamás. Pero esto no era un sueño, era la realidad, que chocó contra ellos cuando escucharon que el tiempo corria en su contra.
Y llegó la hora de decir adiós. Despues de gastarse los labios y memorizar sus olores y sus sabores, él tuvo que abandonar tierra firme. Desde su barco se despidió. Llanto en el corazón. Ya se echaban de menos antes de separarse y el dolor comenzaba a arañar sus almas soñadoras.´
Últimas sonrisas, últimos besos lanzados al aire, últimas miradas que los destrozaron.
Pero eran ilusos, pensaban que volverían a verse en el próximo puerto, y casi se cumplió, pero no todo en esta vida vive en el aire, entre las estrellas y el sol.
Y él se fue, meciendose entre las olas, alejandose de aquella adolescente que desde ese día recordaría a diario aquella noche que fue solo de los dos. Y aquella chica no le quedó más que hacer una huelga de hambre en el corazón, esperando el día en el que sus labios volviesen a encontrarse, aunque esa espera sea eterna, y jamás se vean bajo la luz del mismo sol.

16.8.12

Otro tren vuelve a salir

Sentada sobre el minutero de mi reloj aprendí que los sueños de cada uno no se cumplen por si solos, no hay nada ni nadie que los atraiga a nosotros mientras que nos quedamos sentados en el sofá. Al contrario, los sueños es como el destino de un tren de pasajeros. Tú tienes la opción de querer soñar con algo y esperar en la estación para poder comprar un billete a tu preciado destino. Ahora, la elección es tuya, pues ese tren no para mucho tiempo ante tí. Eres tú el que decide si subirse o no, el que luchas por tu sueño. Puedes dejar ir al tren, aunque te llegue la nostalgia y la melancolía por no haber alcanzado tu meta a lo largo de tu vida. O puedes hacer el mayor esfuerzo que nunca hayas hecho y correr trás él para poder llegar a subirte; claro está, esto requiere un mayor sacrificio, pero la recompensa será mil veces más gratificante. Una vez subido al tren, el camino a tu sueño será largo, rutinario y no sencillo, pero siempre que quieras puedes bajarte en la siguiente estación. Pero yo pienso, ¿la vida no está para vivirla? ¿para poder tocar tus sueños sin ponerte de puntillas?, ¿por qué abandonar, pues, lo que realmente deseas?. Es mejor esforzarse durante un tiempo y poder vivir con la sonrisa siempre en el corazón.
Pero un tren siempre estará esperandote en la estación para que realices lo que más desees. Si has dejado marchar al primero, solo es faena del tiempo esperar a que llegue el siguiente. Aunque cuan más tiempo pase, cuan más viejo te encuentres, más te costará correr tras el tren, más te costará saltar los obstaculos y más te costará aguantar el viaje... .
Por eso hay que aprovechar cada oportunidad que te da la vida, y no dejarte consumir por la languidez de tu cuerpo, pues aunque pasen muchos trenes a lo largo de tu existencia no siempre será el mismo.

14.8.12

¿Qué me diste?

¿Qué me dieron tus besos?, que no encuentro manjar mejor.
¿Qué me dio tu mirada?, que no hay sol que me deslumbre más que ellos.
¿Qué me dio tu sonrisa?, que es recordarla y perderme.
¿Qué me dieron tus brazos?, que no hayo mejor abrigo.
¿Qué me dio tu olor?, que lo busco en cada rincón.
¿Qué me dio tu cintura?, que no hay mejor lugar donde colgarse.
¿Qué me dio tu voz?, que no paro de reproducirla en mi mente.
¿Qué me dio tu aliento?, que nada me hace sentir ese escalofrio de nuevo.
¿Qué me dieron tus caricias?, que no hay otro contacto que me dé mayor placer.
¿Qué me diste?, que te convertiste en mi perdición.