Hagamos el amor. Lento y pasional, tierno y terrenal, violento como lo divino, como látigo de la mar. Arena y ola en un vaivén en espiral, sacudiendo la vida en un beso sin final.
Hagamos confundir a la línea del horizonte. Acariciemos heridas por cicatrizar. Sintamos que la tierra nos hace levitar y el firmamento nos abriga entre pestañeo sin cesar de estrellas deambulantes.
Seamos dos sin necesidad de ser uno. Seamos todo sin necesidad de ser nada. Tú y yo, jugando a un juego de desnudos entre sábanas.
Soñemos con que todo se puede, que somos nuestros dueños sin ser dueño de nadie. Saltemos al abismo de nuestras camas, mordamos la fruta de la pasión y dejémonos envenenar por la esperanza de que alba se haya quedado dormido tras las persianas.
Que hoy no hay nada ni nadie. Que la calle no despertó. Que el tiempo se paró. Que somos tú y yo. Y nadie más. Y nada más. Solo pasión, y un desnudo sobre el colchón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario