10.1.15

Aquí seguimos.

Ya llegamos. Cogidos de la mano. Me ayudas, me apoyas, me acompañas y sin ninguna queja. Tiras de mi como si fuese parte de ti.
La escalera de caracol se hace interminable, pero te miro, me sonríes y me ruborizo. Ya queda menos, y tu sigues a mi lado. No importa nada más.
Paso a paso, seco, fuerte y decidido, seguimos girando en espiral hasta la cima de un cielo esperado.
Ya estamos.
-No te rindas.
A veces cuesta, pero nadie dijo que fuese fácil.
A lo lejos, al menos se escucha el cantar de los pájaros que vuelan en libertad condicional. Y el abatir de sus alas trae aire de libertad.
Obstáculo que saltamos a lo largo de nuestras vidas, pero ninguno impide que siga agarrada de tu mano.
Aquí seguimos, desmontando mitos, leyendas y prejuicios. Aquí seguimos comiéndonos a besos como si cada día fuese el primero y el último de esta nuestra historia.
Las flores buscan el sol que brilla tras de ti, la lluvia dejó de llorar tras las primeras caídas. Las piedras se rindieron de tirarse contra nosotros.
Ya estamos. Miras hacia arriba, estamos aquí. Me miras, sonríes, me besas mientras aprietas mi mano. El último paso. El último escalón. El último jalón.
Lo conseguimos. No nos rendimos y ahora rozamos con nuestras manos un cielo infinito loco de amar al universo.
Miramos hacia abajo. Y ahí, muy al fondo, están los que no creyeron en la mezcla de continentes en una sola cama. Y ahí están, podridos de odio hacia ellos mismos, podridos de envidia al ver que las estrellas nos encendieron su cielo nocturno.
Ahí están. Y nosotros aquí, en la cima de nuestro universo, mientras cerramos con un beso la puerta que esconde lo que no creyó en nosotros. En mi "tú" y en tu "yo". Y aquí seguimos, hasta que la luna quiera venir a danzar sobre nosotros, acunándonos así en su eterna nana experta en dormir a los amantes.