26.9.15

No nos amaremos, aunque lo hagamos.

No nos amaremos. No nos tendremos tan cerca como para fundirnos en un beso. No compraremos la vida a mitades iguales.
Serás el amigo con el que hablar de los príncipes azules que se dejaron la corona olvidada antes de entrar en mi habitación, o de las princesas que pasaron por tu cama desnudándose al primer suspiro. Y hablaremos de lo que podríamos haber sido siendo republicanos, de las caricias destapadas, de las risas en tu almohada. 
Hablaremos de las pieles revestidas, de las heridas recién curadas, de las miradas mudas de tanto decir. Hablaremos de un 'tú' sin 'mi', un 'yo' sin 'ti'. De las persianas que nunca bajamos, de los desayunos congelados de esperarnos. Contaremos las pelis sin poner, los lunares sin besar, las caricias sin probar.
Y soñaremos con las despedidas en la puerta sin querer separarnos, con el camino de estrellas desde tu espalda hasta tu pecho, con el recorrido de mis caderas. 
Besaremos al olvido de lo que no fuimos, de la silueta sin sombra de lo que podría haber sido nuestro. Y reiremos de las fotos no guardadas en álbumes, de los viajes siendo viajeros, de los planes sin hacerlos. 
Hablaremos de aquellos proyectos en conjunto, de los nidos de invierno, de los bailes sobre el pasado. 
Y hablaremos tanto de lo que no fuimos, que cuando nos despidamos soñaremos con serlo todo. Y volveremos al inicio de este laberinto de tu alma enredada con mi locura. Y volveremos a ser sepia en el camino separado. Porque sin querer amarnos, nos amamos. Y todo sin sentirlo de verdad. Porque planeamos por separado una vida juntos, a nuestra manera, sin nuestros compromisos. Y por miedo a desaparecernos, no nos haremos, y solo volaremos sobre el negativo de lo que hubiésemos sido.
Y nos despediremos sin hacerlo como quisiésemos, pensando que todo es un sueño del que despertaremos. Pero, cómo quieres despertar de algo que es real? Si los sueños lo son porque jamás quisiste abrir los ojos? 
Háblame de despertar a tu lado, y no de despertar de un sueño extraño del que no querías despertar...

16.9.15

Círculos viciosos.

Siempre quedará lugar para la nostalgia.
Echar de menos no siempre está de más. 
Subir al cielo muchas veces implica bajar. 
Bajar no en todas las ocasiones es sinónimo de fracaso.
El fracaso enseña mucho más que algunos triunfos.
Los triunfos ya no los acompaña una corona de laurel.
Y el laurel está sobrevalorado.
Lo sobrevalorado no tiene por qué carecer de valor.
El valor es algo muy subjetivo y personal.
Pero no hay nada más personal y subjetivo que tu olvido.
Y el olvido es el reflejo de la nostalgia de tu ausencia.

3.9.15

La caída de los trópicos

Comenzamos a amarnos sin resguardos ni derechos a cambio. Y continuamos el camino, sin pisar la vereda de emergencia. Temblaron los termómetros bajaron las temperaturas, y hasta el frío abrigaba más que cualquier corazón. Se fueron rompiendo los sueños, cacho a cacho y por separado, y nos dio pereza recogerlos y recontruirlos. Así que decidimos que era hora del punto final, de las mañanas separadas, de las estrellas en espaldas diferenciadas. De los 'te amo' con otros nombres, de las distancias en la boca de otros rostros. Se rompió el mundo por la mitad: polo norte y polo sur, desde el Ecuador. Y sí, usamos los trópicos de fronteras, de alambradas sin primaveras. Rompimos las sábanas que nos recordaban a un 'nosotros' que ardían en el pasado. Pero al otro lado del planeta aún se escuchaba el retumbar de tus latidos. Seguías vivo. Y con eso tan solo me bastó, para unir  fotos y coser sábanas, para romper silencios y distancias, para derrumbar trópicos como telones de acero y muros de Berlín. Sin embargo, el corazón latía porque ya me habías superado. El olvido se encargó de besar frentes diferentes, bajo pelos estrellados que no eran los míos. Miré para mi interior y no me encontré. Me perdí entre corrientes submarinas de superficies pocos profundas, y volé sin previo aviso a mi escondite donde esconderse no era un juego, sino supervivencia. Me crecí náufraga en las alturas, y me acomodé allí. Y ya me dio miedo bajar, incluso la mirada. Y así pasó mi tiempo, tumbada en un limbo no religioso mirando a las nubes que escondían estrellas. Llorando de ausencias para que te lloviera encima. Pero dio la casualidad que una de esas lágrimas llegó a parar a tu boca, y me sentiste como pájaro al viento. Y escalaste lo imposible por llegar a mi lado. Y nos encontramos. Y cosimos fotos, sábanas y almas. Y derrumbamos los trópicos, y al caer estos, retumbaron las más peligrosas tormentas en el eco de nuestras bocas, asustando a aquellos que aun no desplegaron las alas para aprender a volar.