Me dejaré abrir a nuevas perspectivas artesanales. Al batir de las alas del olvido. Al beso del crucifijo de nuestra extrañeza. Al aire que no besa. Al amor inexperto de no amarnos.
Me dejaré compartir la vida. Cacho a cacho. Lágrima a lágrima. Corazón a corazón. Te prestaré mis ojos. Me sentiré en los tuyos. Y me dejaré volar desde tus alas de libertad.
Me dejaré convertir en tu agua. En la ausencia de tu cama. En los sueños que te acarician en tu noche. En la gota de vino que flota en tu labio, extraviada, del olvido de la copa.
Me dejaré escribir en mi espalda. Con permanente. Para que no se me olvide el recorrido. Escribir el universo, constelación a constelación, como resultado de llegar al mismo cielo.
Me dejaré bailar al compás de tus latidos. En los acordes de una canción de Sabina al aullido del alba que no nos dejó dormir. Al ruido del silencio de las miradas entrelazadas.
Me dejaré hacerme desde el principio. Del negativo del camino, al revelado en color de la vida. De las cosas bien hechas. De lo artesanal. De lo analógico. Hacerme moldeada en mi propia medida, pero restaurada en tu orilla.
Me dejaré ser el viento. Me dejaré ser la sal tu vida. Me dejaré amar. Me dejaré capturar por un instante. Me dejaré, simplemente, sentir la existencia en el infinito de tu nombre.