29.1.13

Antonio Morión y Ponce de León.

Hace un año que tú cuerpo dejó de emitir calor. Un año que no escucho tu voz. Un año desde que tus ojos ya no brillan y desde que tu sangre se congeló, dejando un hueco frío en nuestros corazones, y muchísimos recuerdos valiosos en nuestras memorias.
Fuiste un gran hombre, y pocas personas llegan a ser como tú.
Ya no puedo cogerte de tus manos mayores ni decirte que ibas muy guapo con esa corbata.
Hace un año que un gran corazón dejó de latir en este mundo, y aún soy incapaz de creérmelo, porque es difícil de asumir que la persona que me cuidó de niña y con quien sonreía, se ha ido, que ya no podré volver a decirte "te quiero" directamente. Ya no podré reír cuando cantes de nuevo la canción del "lavadero", ni la misma historia de siempre de la guerra. Y no quiero eso. Quiero que estés con nosotros de forma material, porque te quiero volver a ver sonreír y verte haciendo tonterías. Quiero que me vuelvas a decir que tu nombre es Antonio Morión y Ponce de León, y dormir en tu cama las noches de tormenta, escuchando como, poco a poco, se alejan.
Abuelo, nunca te olvidaremos, y espero que estés cerca de nosotros para darnos ánimos para seguir adelante, porque todos necesitamos esa fuerza y esa energía con la que tú enfrentabas la vida, y todos necesitamos esas ganas de vivir que tú tenías.
Te quiero mucho, abuelo.


(Escrita el 1 de Febrero del 2010)

28.1.13

Entre libros

Tus ojos se clavaron en los mios.
Fue una tarde triste, como mi melancolía.
Tu sonrisa bailaba al compás de mis latidos y tu olor penetraba por cada poro de mi piel.
Estaba nerviosa sin ningún motivo.
Aun no conocía tu nombre y ya necesitaba llevar tu apellido.
No hablabas, no mirabas más que tu cuaderno, y yo desconcentrada averiguando cómo sonaría tu voz.
Hasta que al fin tu folio te escupió a la cara la verdad: que llevaba toda la tarde planenado cómo hablarte.
Y al fin, nuestras miradas se enredaron. Me sentí desnuda por un momento, tranquila, capaz de llevarte al cielo a través de mis caderas.
Sonreíste para mi, y mi cabeza enloqueció.
Sonreí para tí, y tus simples palabras se dispararon de tu boca clavándose en el centro de mi corazón.
Ese simple "te encontré" que llevaba ensayando para mi primer amor se escuchó por todo mi cuerpo, y la valentía ardió por mis cuerdas vocales, siendo capaz de pronunciarte lo que ambos queríamos escuchar...

27.1.13

No necesito tu burbuja


No necesito dinero para ser feliz, ni 20 amigas que me apuñalen por la espalda. Tampoco necesito un traje caro cada noche para sentirme guapa, ni una botella de alcohol para reírme de mi.
Solo necesito una sonrisa en mi cara, nacida de de la luz del paisaje y los rayos de la luna perfecta. Una montaña de sentimientos inmaculados, puros, cual aire recién renovado.
No deseo más que una lluvia que limpie de la calle los espectros de la noche, una borrachera de amor en el corazón. Darle la mano a la felicidad y escupirle a la hipocresía de tus palabras amables.
Lo último que necesito es ver como ensucias mi camino y como bailas al compás de una canción perfecta. Pero te traigo conmigo mi vida simple y natural, donde el dinero no ocupa el primer plano, donde mis modales mediocres derrumban a tus gestos medidos, donde mis sueños y mis metas van más allá de tu estuche de maquillaje, donde lo que importa no es la cartera de la gente, sino lo que llevamos dentro.

13.1.13

Amo la vida...

Amo la libertad por encima de todo. Amo soñar antes que vivir en la realidad. Amo viajar antes que caminar por lo conocido. Amo la risa de mi corazón por cualquier tontería. Amo el horizonte que me esconde un nuevo día. Amo el poder regalar mi cultura a otras que me muestren la suya. Amo la vida, porque me da oportunidades de  ser quien realmente soy, de crecer día a día, de aprender sin necesidad de libros, de bailar con cada obstáculo que se anteponga en mi camino. Amo esta tierra donde tengo la oportunidad de hacer feliz a la gente, y de ser feliz gracias a ellos.

5.1.13

El silencio de mi interior

El reflejo de libertad se ilumina en mi mente, y mi corazón vuela en la distancia de lugares no conocidos. Ciega...ciega viajo en mi imaginación, pues mis pies me atan a la tierra y mis alas se quemaron bajo la rutina.
Intento huir, intento gritar, pero no obtengo respuesta. Me siento sola, abrazada por la impotencia de no poder, aún pudiendo hacer lo que quiero.
¿Y qué es lo que realmente me ata?, ¿es la responsabilidad de los estudios? ¿es mi familia? ¿es la distancia o el dinero? ¿o puede llegar a ser que realmente tengo miedo de tener una pista por la que correr y despegar ante mí?. No lo sé...
Tan solo sé que mis maletas están deshechas, mi ropa sin planchar, mi pasaporte ahogado en el polvo del olvido, mi voz atada a un grito sordo por ser liberada y mi necesidad de viajar, despierta en el silencio de mi interior...