Sufrí el mal de alturas de tu lejanía.
Sentí la muerte a mi espalda.
La melancolía de bocas desbocadas,
que besan sabiendo a anarquía.
Tus caderas se tropezaron
en el huerto de mi sabiduría,
hiriendo la sintonía
de los deshechos del pasado.
Que sin pasarse se fueron,
como las golondrinas,
como la agonía
de besos eternos enterrados en fuego.
Y sin saber escribir poesía
me desvivo en tu desvelo
destapando el sentimiento eterno
que me produce el sabor de tu ambrosía.
28.11.15
18.11.15
Emigrante en tu trinchera.
Necesito escapar. Saltar de estrella en estrella. Danzar sobre una constelación infinita. Abrazar al alba en su despertar. Dormirme en el horizonte, lejano y seductor, enamorado del cielo. Sentirme amada por la escapada y los vuelos de aves que emigran de estación en estación.
Escapar y gritar que la vida no me pertenece. Que los sentimientos se sumergen en historias vividas con pasión. Porque la vida no es más que eso: la pasión con la que riegues cada segundo de tu reloj de arena. Que gota a gota se agota. Se aleja. Y tú, ingenuo, pensándote inmortal.
Correr de aurora en aurora. Creándome en cada nota musical. Coloreándome en cada lágrima y cada sonrisa.
Sentirme envuelta en el calor de la Tierra. Sentirme pequeña. Desconocida. Irracional. Tremendamente despistada, pero protegida. Protegida por los sueños de cabezas que crean realidades alcanzables tan solo al cerrar los ojos.
Quisiera no volver la vista atrás, por el simple hecho de que las vueltas no existen. Solo de nuevo una ida al mismo lugar.
El tiempo no te permite corregir errores. Pero te da nuevas oportunidades. Te da tiempo.
No quiero llorar las despedidas olvidadas. Los abrazos fríos. Los besos escondidos en el armario de tus sueños.
Escapar y gritar que la vida no me pertenece. Que los sentimientos se sumergen en historias vividas con pasión. Porque la vida no es más que eso: la pasión con la que riegues cada segundo de tu reloj de arena. Que gota a gota se agota. Se aleja. Y tú, ingenuo, pensándote inmortal.
Correr de aurora en aurora. Creándome en cada nota musical. Coloreándome en cada lágrima y cada sonrisa.
Sentirme envuelta en el calor de la Tierra. Sentirme pequeña. Desconocida. Irracional. Tremendamente despistada, pero protegida. Protegida por los sueños de cabezas que crean realidades alcanzables tan solo al cerrar los ojos.
Quisiera no volver la vista atrás, por el simple hecho de que las vueltas no existen. Solo de nuevo una ida al mismo lugar.
El tiempo no te permite corregir errores. Pero te da nuevas oportunidades. Te da tiempo.
No quiero llorar las despedidas olvidadas. Los abrazos fríos. Los besos escondidos en el armario de tus sueños.
Tan solo quiero la libertad. La escapada en noches desveladas. Donde el frío intenso se comienza a evaporar con cada paso de despedida, de sumergida espiritual. Llegar al infinito de las luces desamparadas, de luciernagas que tiñen los pensamientos oscuros.
Descubrir la belleza de las miradas, de los horizontes que se alejan con cada kilómetro, acercándose siempre al mar. Al beso de la línea curva que no te dejan tocar, por la que se escapan los pájaros y los sueños.
Y tras salto estelar, besar los lunares que alzan mi mundo al infinito eterno del cosmo, que no cierra telón, ni se acomoda tras cada acto.
Y despertar, sintiéndome coen vidas mayor, gratificada, hecha el amor y polvo de la belleza de seguir viva. Sintiéndome eterna en mi existencia. Sintiéndome aire en tu boca, en tu sombra, en tu abrigo, en tu ropa derribada en el suelo. Y hacerte sentir que ganamos la guerra de sapa y espada, encntrándonos en la misma trinchera, agotados, pero vivos. Ensuciados, pero nuestros. Derrumbados, pero vencedores y merecedores de nuestros besos.
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