16.5.12

La brújula de mi razón comienza a marcar el Norte


Algunos lloran en algún lugar de sus casas, otros aprovechan los últimos minutos realizando aquello que más les gusta, y demasiados miramos al cielo, viendo como poco a poco llega nuestro fin.
El acontecimiento del día, del año, de la vida del homo sapiens tocó el timbre hoy. Es la noticia que nunca quisimos oír: el fin de la humanidad. Desgraciadamente la tenemos que vivir nosotros.
Se acaba una larga vida, aunque la mía en particular sea tan corta.
Ahora, en mi calle, con mi madre llorando en mi casa y mi padre dándome la mano, contemplamos como el meteorito “Cronack” (nombre que le han puesto a nuestra muerte) se dispone a llegar lentamente, desgarrándonos por dentro, haciéndonos esperar una espera eterna.
Poco a poco ese trozo de roca se acerca más.
Los que entienden del tema aseguran no poder hacer nada, no hay solución, acabaremos carbonizados y mezclados con la tierra.
Siempre pensamos vivir eternamente y nuestra ilusión llegó a su fin.

-Clara, ¿entramos?- mi padre no se atreve a mirarme. Lo admiro. Es el que me enseñó a apreciar los pequeños detalles, los buenos libros y que el saber te hace libre.
-No, quiero ver como se acerca.

Le miro. Una lágrima se derrama. Es un hombre fuerte, con un gran corazón.
Sé que piensa que no me verá crecer, que me perderé muchas cosas en la vida. Tan solo he vivido dieciséis preciosos años que los dedique a lo hermoso de la Tierra y a encontrar soluciones entre páginas. Más de una noche recorrimos el solitario campo para contemplar el cielo, ese que parecía tan lejano y ahora siento cómo cae sobre nosotros. Fueron noches increíbles.

Huele a terror en la ciudad. Nadie se atreve a poner las noticias, pues temen admitir que toda esta pesadilla es verdad.
Mi corazón late con rapidez y, sinceramente, es que estoy muy asustada, pero debo ser fuerte, como me enseñó mi padre.

¿Cuántos amaneceres me perderé? ¿Quién sería mi primer amor? ¿Cuántos hijos tendría?...no va a haber respuestas a mis preguntas, no va a ver una vida para mí ni una segunda oportunidad, tan solo habrá silencio, un eterno y profundo silencio.

Siempre quise estudiar astronomía. El universo, tan misterioso, siempre se hizo irresistible para mi curiosidad. Es que ¿cómo algo puede ser infinito? ¿cómo podemos ser tan insignificantes ante lo que nos queda por descubrir?. Y nos creímos que eramos los dueños de esto, del planeta. Pero nadie se daba cuenta de que es un lugar prestado que tras la muerte, sea cual sea y cuando sea, debíamos abandonar para siempre. Y hoy uno de los hijos de lo que era mi razón de seguir investigando, se convierte en el asesino de mis ilusiones. Parece como si tuviese celos de que descubra un secreto oculto más allá de las estrellas. Pero no quiero apartar la mirada de él. Antes de morir quiero tener en mi mente como sucede todo, como se acerca el meteorito, como acaba con nosotros. No es que sea una sádica, simplemente quiero sentir la curiosidad, el miedo, el dolor por última vez, quiero maravillarme y aterrarme al tener tan cerca un trozo de roca espacial.

-Vamos a dentro- mi padre tira de mi mano.
-Papá, no quiero, quiero verlo de cerca.
-Estaremos con mamá y con Ándres.
-¡Que no! ¡no quiero!- me suelto de la mano de mi padre y vuelvo a donde estábamos antes.
-¡Clara!- el grito de mi padre me hace estremecer, solo me ha gritado tres veces en mi vida y siempre por cosas más graves que esta. Nunca me gustó que la persona a la que más admiro me grite- Por favor, entremos- está abatido, con lágrimas en los ojos. Sus palabras, no más que un suspiro.
No me lo pienso dos veces y corro a su lado.
-Perdón, papá.
Se inclina sobre mi frente y me da un beso. Seguidamente entramos en la casa.

Cuando entro, encuentro justamente lo que no quería ver: mi madre abrazando a mi hermano y los dos llorando.
Miran a mi padre y luego a mí. No quiero participar en el llanto, en el terror, en la pena. Quiero luchar contra ello. No quiero malgastar mis últimas horas lamentándome por lo que no seré, por lo que no veré, por lo que no conoceré. Ellos son débiles y no soy así.
Mi padre se sienta con ellos, los abraza, los consuela. Es una escena trágica, son momentos perturbados y de desorientación, de llanto y de dolor. Todos sabemos que no veremos ningún día más ni nos volveremos a ver las caras. Es duro, pero ¿Para qué lamentarse?, no sirve de nada, moriremos igualmente.
Me dirijo a mi cuarto, no quiero pertenecer a esa imagen inundada de lágrimas. Me tumbo en mi cama. Lo observo. ¡Cuantos sueños acumulados entre estas paredes!. ¡Cuantas ganas de evasión!. ¡Cuantos secretos esconde mi almohada!. Ahora me hago débil, suelto lágrimas, pero nadie me verá llorar.
Recuerdo aquel día que mi madre y yo fuimos a visitar el museo natural de aquí. Era un día abrigado por las nubes, como casi todos en Londres, y yo ya había ido varias veces a este museo, pero cada vez que iba me gustaba más.
Cuando vi aquellas copias de los inmensos dinosaurios pensé que cómo seres tan poderosos y grandiosos como ellos pudieron desaparecer en nada de tiempo. Sabía que habían muerto por un meteorito, como el que ahora se dirige hacia nosotros, pero desconocía la cadena que se formó a raíz de esto, la que hizo que muriesen por ausencia de oxígeno. Me dieron lástima y ahora podré vivir su muerte en mi propia piel, como si estuviese realizando una representación irreal de su historia, aunque, esta vez, cuando se cierre el telón mis pulmones no podrán respirar y mis latidos cesarán.
Me imagino el futuro. Cuando una rama del árbol de la vida inscrita en la historia de los seres vivos se creé, aparecerán unos animales que destaquen sobre todos los demás, unos seres inteligentes. Puede que encuentren una serie de restos arqueológicos y los examinen, y cuando hallen resultados y tengan nuestros cuerpos, o de los que pudieron resistir a la tentación de convertirse en polvo y cenizas, en un museo, los más mediocre o los más grandiosos sentirán lástima por nosotros. Otros se burlarán diciendo algo semejante a “Miralos, si estos eran tan poderosos ¿cómo es que murieron?”. Pero que más da. Tienen razón, nos creemos indestructibles, pero una misera roca, un cambio en el aire o en el orden de los elementos tal y como ahora los conocemos, nos hacen vulnerables, mortales, bajándonos para siempre de nuestro podio de superioridad.
Me levanto de la cama y miro por mi ventana. Ahí está, acercándose poco a poco, haciéndose esperar.
La puerta de mi habitación se abre. Una silueta.
-Clara, vamos abajo, por favor. No lo hagas más difícil. Mamá y Andrés quieren que pasemos este tiempo juntos.
-¿Para qué? ¿para llorar?. La verdad es que no quiero malgastar este tiempo llorando, ya tendré tiempo cuando el meteorito esté más cerca.
-¡No seas insolente!. Es tu familia, ¿o es que no te importan?. Si lloran es porque realmente es una situación muy dolorosa, algo difícil de solucionar. Y tu aquí, haciéndote la fuerte y produciéndole más daño a tu familia. Estarás contenta al menos, ¿no?.
Miro a mi padre. Tiene razón, no tengo por qué creerme más fuerte y valiente que nadie. Además, realmente necesito el apoyo de mi familia.

En el salón, la imagen ha cambiado. Mi madre y mi hermano están riéndose. Ella, al verme, me extiende sus brazos y yo corro hacia ellos. Me hundo en su perfume que me recuerda a los desayunos por las mañanas, a los domingos de invierno ante la chimenea, a la protección de mi madre.
-Te quiero- le susurro al oído.
-y yo.
-Bueno, ¿jugamos al monopoli?- dice mi hermano destruyendo nuestro abrazo.
-Me parece buena idea- comenta mi padre preparando la mesa y el tablero.

Y así transcurrimos el tiempo, en una partida interminable al juego de mesa, en una sacudida de risas.

Cuando el juego acabó al cabo de una hora y poco, mi padre encendió la televisión. Todas las cadenas hablaban del meteorito, así que prestamos una seria atención al asunto en una de las cadenas ofrecedoras de tales noticias.

-El meteorito Cronack se acerca con mayor rapidez a la Tierra. Está previsto que caiga sobre la ciudad de Londres y sus alrededores. Señores, id despidiéndose de vuestros seres queridos, la hora no deseada está bastante cerca- las noticias son duras.

Al enterarme que está cerca, una fuerza interna me obliga a levantarme del sofá y salir corriendo a la calle. Cuando ya estoy fuera un cielo rojo me recibe. Parece un infierno celestial donde Dios es aliado de Satanás y juegan a destruir la creación más valiosa del Rey de los cielos. Allí está, como una estropeada estrella fugaz perdida de su camino. A esta no se le pide un deseo, a esta no se le recibe con entusiasmo ni los vecinos se besan bajo ella. Esta oveja negra de las estrellas fugaces recibe miedo, pero yo la admiro. Tan solo quiere ser la protagonista de nuestras pesadillas y nada más.
Es rápida, cual carro del alba en la estrellada noche llega convirtiendo, a su paso, el mundo en luz.
Veo como se estrella contra la capa de ozono, destruyéndose en parte, pero no, esta no ha podido con su fuerza destruirla y se venga de nuestra suerte. El cielo cambia de color y el aire de olor.
Está muy cerca, tanto que si me subiese al tejado y me pusiese de puntilla podría tocarla. Siento la presión en el ambiente, el llanto de la gente como un fondo musical. Mi padre viene a mi rescate de una muerte segura. ¡Será tonto!, todos vamos a morir, estemos o no dentro de una casa.
Cierro mis ojos y dejo que el momento llegué. ¡No puedo!, ¡No puedo mantener los ojos cerrados! ¡Quiero verlo y sentir como aplasta la ciudad!. Abro los ojos. Ahí está en los tejados de Londres. Ocultando un cielo cada vez más lejano y más alto.


-¿Te acuerdas?. Ese día en el parque con la familia lo pasamos muy bien. ¡Cómo te gustaba las comidas familiares!. Llevabas ese vestido blanco que tanto te gusta. Ibas guapísima.

Una voz lejana me está contando lo que hicimos hace dos días, antes de que el meteorito acabase con la humanidad. ¡El meteorito! ¿No deberíamos haber muerto?, ¿Sigo viva?. Intento abrir los ojos. Siento mi cuerpo dormido. Pestañeo un poco pero la luz me molesta. Consigo resistir el dolor que me produce y veo una habitación blanca, miro a mi lado y allí está, la mujer que me contaba los recuerdos. Comienzo a ver con más claridad. ¡Es mi madre!. Se me aclara la vista.
-¿Mamá?, ¿dónde estoy?
Veo a mi madre, más anciana, con arrugas, el tinte de su pelo está desapareciendo por las raíces, dejando ver sus canas. No la recordaba tan mayor.
Me mira, se asusta, no habla. Sale corriendo de la habitación gritando el nombre de mi padre. ¿Qué pasa? ¿tiene miedo de mí?.
Al poco tiempo entra en la habitación junto con mi padre. También lo recordaba más joven.
Se acercan a mí y me abrazan, me besan, lloran. ¿Se han vuelto locos?
Entra una mujer con una bata blanca en la habitación.
-Por favor, deben abandonar la habitación. Nuestra compañera la pondrá al corriente de todo. Es una parte muy dura y hay que asegurarse que se hace correctamente. Los dos afirman
Abandonan los tres la habitación y entra otra mujer también vestida de blanco.
-Hola Clara. ¿Cómo te encuentras?
-No sé. Aturdida. ¿Qué pasa? ¿Y en meteorito? ¿No se ha acabado la humanidad?
-Clara, sé que es duro y difícil de asumir, pero prestame mucha atención ¿de acuerdo?, yo estoy aquí para ayudarte. No ha existido tal meteorito. Hace veinte años tuviste un accidente. Ibas cruzando la carretera y un coche te atropelló. Perdiste mucha sangre, pero no te llego a quitar la vida. En cambio caíste en un largo coma. ¿Lo recuerdas?

5.5.12

"Felices" 18

18 años...mayoria de edad.
¿y de que nos sirve?...ya puedo comprar el alcohol que no bebo, ya puedo comprar el tabaco que no fumo, ya me dejan entrar en discotecas que ya he entrado....
infinidad de tonterias que sobrevaloramos, cuando realmente lo importante es si vamos por el camino correcto, el camino que queremos vivir.
En 18 años he perdido el tiempo mas de lo que quise, he dejado pasar oportunidades y futuros que pudieron ser perfectos. 
En 18 años no he conocido casi nada de lo que hubiese querido, ni experimentado ni una cuarta parte de las sensaciones que soñe...
Si, muy bonito eso de que aun nos queda un largo camino por recorrer, pero si perdi mi tiempo hasta hoy ¿quien dice que no hare lo mismo desde ahora?...
la cuestion esque el tiempo poco a poco pasa y mas rapido de lo que querria, y aqui estoy, cumpliendo años sin quererlo.
Pero bueno, supongo que me alegrare por llevar otro año de vida, por tener la vida que tengo y a los amigos que me quedan...disfrutare de todo cuanto me quede y bailare sobre cada segundo que ante mis pies se ponga.
Antes que nada, quiero daros las gracias a todos aquellos que habeis marcado mi vida en estos cortos pero bonitos, al fin y al cabo, 18 años...no me dispondre a nombrarlos, pues sabeis perfectamente quienes sois...y asi lo voy a dejar..
Venga, que siga la fiesta y no caras largas por el paso del tiempo...que aun nos queda mucho por disfrutar!.


(escrita en octubre del 2011)