11.6.15

Sequías en estaciones equivocadas.

Y muerta la luna, ya no cabe soñar con el romance pasajero de un invierno voraz, que engaña con sus besos encendidos de pasión, haciéndoos creer en estación equivocada. Y porque no es verano, sino calentón, la lluvia llega para llenar días de sequías, de corazones de luto, de camas vacías y de besos light que no saben a nada.

Y como el alma sueña con unos brazos que la abracen, haciéndola sentir, no tan solo viva, sino más querida que la luna fallecida, ella llora, y vaga, y pide, y calla, condenada a ser una llorona sin consuelo dentro de un cuerpo aún no viejo, pero sustentado en el espacio y el tiempo; que quiere escapar, pero no puede.

Y muerde más la muerte que el perro que dejó de ladrar bajo tu ventana, dejando que el alba acaricie tu corazón húerfano de compañía.

Y muere el día en compañía de la noche, dejando que el lobo aúlle al cadáver de una luna más fría aún si es posible, que en el cielo no pestañea; porque está muerta. Muy muerta. Porque tú la mataste.