3.9.15
La caída de los trópicos
Comenzamos a amarnos sin resguardos ni derechos a cambio. Y continuamos el camino, sin pisar la vereda de emergencia. Temblaron los termómetros bajaron las temperaturas, y hasta el frío abrigaba más que cualquier corazón. Se fueron rompiendo los sueños, cacho a cacho y por separado, y nos dio pereza recogerlos y recontruirlos. Así que decidimos que era hora del punto final, de las mañanas separadas, de las estrellas en espaldas diferenciadas. De los 'te amo' con otros nombres, de las distancias en la boca de otros rostros. Se rompió el mundo por la mitad: polo norte y polo sur, desde el Ecuador. Y sí, usamos los trópicos de fronteras, de alambradas sin primaveras. Rompimos las sábanas que nos recordaban a un 'nosotros' que ardían en el pasado. Pero al otro lado del planeta aún se escuchaba el retumbar de tus latidos. Seguías vivo. Y con eso tan solo me bastó, para unir fotos y coser sábanas, para romper silencios y distancias, para derrumbar trópicos como telones de acero y muros de Berlín. Sin embargo, el corazón latía porque ya me habías superado. El olvido se encargó de besar frentes diferentes, bajo pelos estrellados que no eran los míos. Miré para mi interior y no me encontré. Me perdí entre corrientes submarinas de superficies pocos profundas, y volé sin previo aviso a mi escondite donde esconderse no era un juego, sino supervivencia. Me crecí náufraga en las alturas, y me acomodé allí. Y ya me dio miedo bajar, incluso la mirada. Y así pasó mi tiempo, tumbada en un limbo no religioso mirando a las nubes que escondían estrellas. Llorando de ausencias para que te lloviera encima. Pero dio la casualidad que una de esas lágrimas llegó a parar a tu boca, y me sentiste como pájaro al viento. Y escalaste lo imposible por llegar a mi lado. Y nos encontramos. Y cosimos fotos, sábanas y almas. Y derrumbamos los trópicos, y al caer estos, retumbaron las más peligrosas tormentas en el eco de nuestras bocas, asustando a aquellos que aun no desplegaron las alas para aprender a volar.
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