4.11.12

Y poder volar lejos...

Me siento atada a un lugar que no es el mío, pues ninguno lo es.
No quiero vivir en la rutina de un paisaje que no cambia, de unas caras que reconozco muy bien. Lo único que deseo es volar con el viento hacia cada rincón del mundo. Sonreír al futuro sin tenerlo planeado, jugar con el azar y el destino.
Pero la sociedad me obliga a atarme a un único lugar, donde debo montar una vida aparentemente feliz, sin poder realizar lo que quiero. Es como vivir en la cárcel del tiempo, donde no puedes hacer nada por evitar que se escape, mientras que tú lo ves sentada en un sofá al llegar de trabajar.
No quiero esa vida, no quiero ser como los demás y conformarme con nada. Simplemente quiero saborear cada segundo de mi vida, y sentir mis sentimientos vivos.
Pero todo esto quedará como un deseo nunca alcanzable de lo que siempre deseé, pues todos se empeñaron en que debemos vivir anclados a una rutina repetida diariamente.
Y me quedará tanto que ver, que experimentar y que desear, que siempre tendré en la cara esa sonrisa amarga que veo en la gente al caminar. Al fin y al cabo todos somos esclavos del deseo de libertad, que vuela lejos, cual ligera paloma que cada día ve un distinto amanecer. Y eso es lo que quiero, ser la paloma de mi vida, que me lleve con mis propias alas hacia mi libertad, hacia mi sueño, y poder acariciarlo con los dedos, y poder sonreír sin amargura, sin falsedad, sino con el corazón

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