-¿Sabes? Su nombre no hace justicia a su significado.
-¿Qué?
-Se la conoce como 'Arenaria' o 'Barrón'. Pero la traducción de su nombre al castellano es más profunda de lo que crees.
-¿Y cuál es su nombre?
-Ammophila arenaria. Significa- dice mientras que la acaricia suavemente entre sus dedos- Amiga del aire y de la arena.
-¿Del aire?
-Sí. Porque por las noches, cuando nadie la mira, se siente sola. Y para calmar su soledad, el aire la mima, la besa, la abraza, la acuna y la acaricia. Entre susurros, le dice que la ama, que, sin pertenecerle, siempre le tendrá. Porque el amor, querida mía...el amor no tiene por qué verse. Basta con sentirlo. Al igual que el barrón siente al aire pero no lo ve.
-Pero no es lo mismo que te amen en presencia que en ausencia.
-Pequeña, la imagen es física, material. Facilita muchas cosas, pero no abastece todo. Lo importante. Lo realmente importante es el sentimiento. El sentirte arropado aún sin tener a nadie que te abrigue. Yo puedo amarte sin tenerte, sin atarte. Puedo amarte, pero no capturarte.
-Es posible que sea así.
-Pero el amor es doble para la Arenaria. El aire le abraza en superficie, pero quien le hace sostener en tierra es la arena. Por eso que también es amiga de ella. La arena consigue capturarla. La detiene. Prohíbe que huya con el aire. Pero es la misma planta quien dejó crecer sus raíces hasta lo más profundo de la tierra, cortando sus alas.
-Pero eso no es bueno. La planta debe ser libre.
-Y lo es, pequeña. Es libre. Ella ha elegido también. Es la arena quien la alimenta. Quien la abriga también. Es el amante que la hace centrarse, que le pide precaución.
Imagina por un momento que la arena no la detiene. Volaría junto al aire, sí, pero no tendría su base. Sería una planta sustentada en la nada. En algo. Pero no viviría mucho, porque no se puede alimentar. O tal vez sí. Y sería muy feliz.
-Entonces, ¿por qué no lo intenta al menos?
-Posiblemente por miedo. Porque puede arrepentirse.
-¿Y por cobardía se cohíbe de amar libremente con el corazón?
-Mi vida, no. Ella ama. Ella ama al aire. Ella ama a la arena. Es como sentirse entre la espada y la pared, pero no sufre. Tiene esa capacidad. Se abastece de todo lo bueno que le da el aire: ese amor, las caricias, los susurros que nacen del corazón, los besos... , pero también obtiene el calor de la arena, el alimento, el sentirse protegida, el ser arropada entre los brazos de la tierra.
Puede ser difícil de entender. Pero la planta ama a quien la trata bien.
-Pues que suerte que tenga dos amigos así, que la amen.
-Si, mi niña. Es un regalo. Y por eso hay armonía. Los tres lo saben. Los tres se aman. Los tres se respetan. Tan solo han aprendido dónde está el límite para no invadir el espacio del otro. Pero se aman. Y eso es lo bello.
-¿Cómo nosotros?
-Sí, mi reina: como nosotros.
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