30.10.12

Solo una noche.

Fue mío durante una noche...esa noche.
Su cuerpo entre mis manos, sus labios en mis labios. Sus ojos solo se fijaban en mí.
Sus pensamientos me pertenecían...
Él era mío, durante esa noche. Su sonrisa, sus palabras, sus caricias... .
Su cuerpo temblaba por mí, por nuestro contacto.
Su voz...esa voz era mía.
La luna era nuestra, y el mar nos pertenecía. Las estrellas soñaban con ser nosotros, con ser lo que, bajo ellas, fuimos.
Su risa se reía por mí, y yo era su lugar.
Esa noche...solo esa noche fue para los dos.
Yo era su deseo y él el esclavo del mío.
Su torso, sus músculos se morían por mí.
Sus labios rozaban mi cuerpo y sus palabras mi oído. Lo sentía, y él también.
La noche era nuestra. Solo una. La última noche... .
Su piel oscura era mi recorrido y la mía su perdición.
Sus pensamientos, sus manos, su cuerpo no pertenecía a nadie más que a mí. Al menos durante esa noche.
Su corazón latía por el mío y el mío latía por él.
Eramos dos amantes a contrarreloj, huyendo bajo las estrellas del sol. Dos desconocidos que compartieron una noche: la noche del adiós.
Pero la luna es confidente de nuestro secreto, de lo que hicimos a la orilla del mar, de nuestro amor fugaz, como la oscuridad, como la noche que fue solo nuestra... .

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