Esta es una de esas historias que duelen al respirar. Es una de esas historias que hace que la luna llore tras el cristal. Es un cuento sin final feliz, ni caperucitas ni lobos. Es una muestra de los caminos diferentes que se pueden coger. ¿Te arrepientes?... No.
El suspiro sobre el cristal lo empaña, y deja escribir un "y si...?". Un "y si...?" que se borra cuando se enfría el cristal y los sentimientos. Ya no hay preguntas. Y mucho menos respuestas. Ya no quema ni el corazón ni la cama. Ya no queda nada de lo que hablar. Las miradas se ocultaron tras la niebla del dolor. Y ya no queda absolutamente nada de que hablar.
Pudimos serlo todo, es cierto. Pudimos seguir hablando y haciendo planes. Pero no. No quisimos que eso fuese así. Y no me arrepiento.
Se separaron nuestros abrazos, se rompieron los recuerdos, y la memoria se cansó de torturarse con la misma misera historia.
Ya no hay punto y seguido. Pusimos...Puse el punto y final.
Ya no duele la despedida, y la sangre fría de esperar me deja decirte adiós. El adiós.
Y duele porque todas las posibles buenas historias matan cuando se le pone el punto y final. Y nuestra historia la tiene. Nuestra historia ya no es "nuestra". Tan solo queda tu historia y, muy independiente de tí, mi historia. Lo nuestro pudo ser una equivocación. Pero no me equivocaría otra vez.
Adiós.
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