18.8.15

Es así como surgen los universos.

Ocurre que no siempre las cosas nacen de una semilla que germina en el contexto adecuado. 
Está casi asegurado que de la explosión de un instante de miradas entrecruzadas se formen universos donde es fácil desviarse entre las estrellas.
Es posible que entre las constelaciones de los lunares de su espalda puedas perderte sin quererlo, como un laberinto donde encontrar la entrada pero no la salida.
Es muy seguro que se te escape la vida pensando en cómo sería morder los pétalos de sus labios. Aquellos en los que se narran historias de libros abiertos y por escribir, que quizá surjan de la iniciativa de un pie que quiso comenzar a correr por puentes que no daban más allá que al horizonte donde quería perderse.
No es extraño de pensar que entre sus manos se puedan desatar firmamentos que recorran las curvas de tu cuerpo, y que con el contacto se cree la melodía perfecta para oídos pocos afinados y el aire que te susurra que es el camino correcto aquel que decides con el corazón.
No es imposible que entre la selva de tus sueños se forje los sentimientos contradictorios de mareas que bailan al compás del viento, que acaricia las soledades de los balcones abandonados, y siempre te encuentres entre las estelas del mar que hace de espejo de los rostros olvidados.
Incluso puede que de chispas escondidas nazca el fuego interno que sobrevive al frío de camas separadas, de sábanas mojadas de desamor que pesan más que la noche que jamás se quiso hacer día.
Y así se escapen los segundos en el reloj, haciendo un zig-zag equivocado. Rincones de las esquinas de tu alma, que comienzan a tener en cuenta que es más importante comenzar a vivir la efímera vida antes de que se te escape al completo.
Y las sonrisas vuelan entre fronteras inexistentes, dónde tu cabeza quiere soñar con lo que es posible alcanzar, pero de forma no tan fácil.
Sucede que a veces quieres darle el sentido merecido a tu vida, y comenzar a escapar de la aburrida rutina, de las persianas bajadas, de las horas muertas en la almohada. Y te surgen las ganas de encontrarte entre sus brazos, en sus abrazos que desenfocan al resto del mundo. Y desaparecen las mañanas de desayunos encubiertos tras las ganas de volar y la serenidad de quedarte en tierra, como marinero desolado.

Es así, soñando y dejando de censurar a la memoria y al cuerpo cuando se queman los calendarios y se atrasan los relojes. Cómo se curan los días desperdiciados y se sueña no tan solo con los ojos cerrados ni con las alas encapotadas. Es así cómo se comienza a vivir las historias que un día escribiste pero jamás llegaste a representar. Cómo nacen los universos de un cosmo ordenado a tu disposición. Es así cómo se quema a la muerte y se ama a la vida. Cómo de un juego de sábanas enredadas y sombras que se cosen abrazadas nacen los firmamentos, aquellos que bautizamos con nuestros encuentros. Es así de simple cómo surgen los universos.

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