Ocurre
que no siempre las cosas nacen de una semilla que germina en el
contexto adecuado.
Está casi asegurado que de la explosión de un instante de miradas entrecruzadas se formen universos donde es fácil desviarse entre las estrellas.
Está casi asegurado que de la explosión de un instante de miradas entrecruzadas se formen universos donde es fácil desviarse entre las estrellas.
Es
posible que entre las constelaciones de los lunares de su espalda
puedas perderte sin quererlo, como un laberinto donde encontrar la entrada pero no la salida.
Es
muy seguro que se te escape la vida pensando en cómo sería morder
los pétalos de sus labios. Aquellos en los que se narran historias
de libros abiertos y por escribir, que quizá surjan de la iniciativa
de un pie que quiso comenzar a correr por puentes que no daban más
allá que al horizonte donde quería perderse.
No
es extraño de pensar que entre sus manos se puedan desatar
firmamentos que recorran las curvas de tu cuerpo, y que con el
contacto se cree la melodía perfecta para oídos pocos afinados y el
aire que te susurra que es el camino correcto aquel que
decides con el corazón.
No
es imposible que entre la selva de tus sueños se forje los
sentimientos contradictorios de mareas que bailan al compás del
viento, que acaricia las soledades de los balcones abandonados, y
siempre te encuentres entre las estelas del mar que hace de espejo de
los rostros olvidados.
Incluso
puede que de chispas escondidas nazca el fuego interno que sobrevive
al frío de camas separadas, de sábanas mojadas de desamor que pesan
más que la noche que jamás se quiso hacer día.
Y
así se escapen los segundos en el reloj, haciendo un zig-zag
equivocado. Rincones de las esquinas de tu alma, que
comienzan a tener en cuenta que es más importante comenzar a vivir la
efímera vida antes de que se te escape al completo.
Y
las sonrisas vuelan entre fronteras inexistentes, dónde tu cabeza
quiere soñar con lo que es posible alcanzar, pero de forma no tan
fácil.
Sucede
que a veces quieres darle el sentido merecido a tu vida, y comenzar a
escapar de la aburrida rutina, de las persianas bajadas, de las horas
muertas en la almohada. Y te surgen las ganas de encontrarte entre
sus brazos, en sus abrazos que desenfocan al resto del mundo. Y
desaparecen las mañanas de desayunos encubiertos tras las ganas de
volar y la serenidad de quedarte en tierra, como marinero desolado.
Es
así, soñando y dejando de censurar a la memoria y al cuerpo cuando
se queman los calendarios y se atrasan los relojes. Cómo se
curan los días desperdiciados y se sueña no tan solo con los ojos
cerrados ni con las alas encapotadas. Es así cómo se comienza a
vivir las historias que un día escribiste pero jamás llegaste a
representar. Cómo nacen los universos de un cosmo ordenado a
tu disposición. Es así cómo se quema a la muerte y se ama a la
vida. Cómo de un juego de sábanas enredadas y sombras que se cosen abrazadas nacen los firmamentos, aquellos que bautizamos con nuestros encuentros. Es así de simple cómo surgen los universos.
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