Esa libertad anormal con la que vuela un pájaro, con la que mira un ojo sin vendas, con la que ama un corazón al galope, con la que besan los amantes encubiertos, con la que vive un pueblo humilde.
Esa libertad casi utópica por la que caminan los sueños, con la que seduce la mujer desnuda en la cabeza del hombre, con la que se desliza la mariposa en el verde jardín.
Esa libertad que apenas existe a grandes rasgos, que solo encontramos en la lluvia que golpea la ventana, con la que el tigre corre adueñándose de la densa y húmeda selva.
Esa libertad que encontramos dentro del espíritu, en los pequeños detalles, en el buen vino o en los buenos relatos.
Esa libertad que se ganó a pulso su propio nombre, que fue herida por los hombres, que aún nos deslumbra, que todavía amamos y que aún nos ama.
Esa libertad que nos visita y que perdemos cuando no queremos verla. Esa libertad. Que está, aunque no queramos tocarla por miedo a romperla, por miedo a hacerla desaparecer por siempre.
Esa libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario