30.8.12

Besos con sabor a sal

Llegó de entre las olas escribiendo bajo las estrellas. Escribiendo aquello que su corazón dictaba, aquello que ansiaba desde lo más profundo de su ser. Nadie sabía que en el puerto le aguardaba un solitario corazón cegado por el aire con olor a mar y la esperanza de volar junto con las velas de su navío. La ignorancia era un camino para los dos sin luz que lo iluminara, hasta que poco a poco, rozando el cielo los rayos de luna, el día se hizo noche y sus labios se encontraron. Sus manos en la cintura de ella, miradas que dicen más que callan, el pelo al aire, indomable como un corcel, un juego de lenguas que no acababa... .
Aquella noche que parecia tener un punto y final, trajo consigo un sin fin de besos bajo las estrellas. El mar escondía el secreto de ese intenso y fugaz romance entre las olas, y solo la playa conocía lo que en ella pasó entre los dos.
La noche se despidió con ternura de sus abrazos, dando lugar al día menos deseado. El día del adios.
Prisas por las calles, agua salada en el corazón. Esperando a un joven marinero, sin ser marinero, que se hacia esperar desde su barco. La joven inquieta reía por todo, dejando ver que no estaba tranquila, dejando apreciar que deseaba verlo de nuevo y acariciar sus labios con un suave roce de emociones.
No se retrasó mucho el encuentro. El marinero vestido de uniforme brillaba bajo la luz del sol, y el corazón de ella  estalló en un incontrolable deseo por no separarse de él jamás. Pero esto no era un sueño, era la realidad, que chocó contra ellos cuando escucharon que el tiempo corria en su contra.
Y llegó la hora de decir adiós. Despues de gastarse los labios y memorizar sus olores y sus sabores, él tuvo que abandonar tierra firme. Desde su barco se despidió. Llanto en el corazón. Ya se echaban de menos antes de separarse y el dolor comenzaba a arañar sus almas soñadoras.´
Últimas sonrisas, últimos besos lanzados al aire, últimas miradas que los destrozaron.
Pero eran ilusos, pensaban que volverían a verse en el próximo puerto, y casi se cumplió, pero no todo en esta vida vive en el aire, entre las estrellas y el sol.
Y él se fue, meciendose entre las olas, alejandose de aquella adolescente que desde ese día recordaría a diario aquella noche que fue solo de los dos. Y aquella chica no le quedó más que hacer una huelga de hambre en el corazón, esperando el día en el que sus labios volviesen a encontrarse, aunque esa espera sea eterna, y jamás se vean bajo la luz del mismo sol.

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