1.6.11

La eternidad junto a ti.

Bueno, pues aqui os pongo un relato corto que escribí para un concurso de literatura que se daba en mi instituto, y en el cual quedé en segundo lugar:


Y en la radio pusieron esa canción que tanto me recordaba a ella, a nosotros y desgraciadamente, siendo así, al pasado.
Ya no sabía si era día o noche lo que me esperaba a fuera. Llevaba meses, o eso me parecía a mí, que no salía de estas cuatro pareces iluminadas por el calor y la luz de la leña cambiando de apariencia ante mis ojos en una chimenea. Como consejero tenía una botella de wisky y como compañera mi preciosa bola de pelo blanca, o como solía llamarla ella, mi gata Lisi.
El silencio abarcaba todo aquellos rincones de mi espaciosa casa. Pocos ruidos molestaban al silencio, entre ellos el quejido de la leña ante el intimidante fuego o el cascabel de la pequeña Lisi quien, sin ser consciente de ello, interrumpía continuamente mis pensamientos.
Cuando me quise dar cuenta la gata había abandonado su lugar en la habitación y la leña poco a poco se estaba apagando. Parece mentira, pero incluso a aquello que no tiene vida le llega la muerte.
De repente, vi algo moverse en la oscuridad. Me giré, pero claro está, no había nada. Seguí tranquilamente sentado en mi sillón pensando en por qué me dejó abandonado ante tan desconocido mundo. Yo, que dejé todo lo que tenía por nuestro futuro, viajé junto a ella a otro continente simplemente para estar a su lado. Mi trabajo, mis amigos, mi familia...todo quedó encerrado en una caja donde se van almacenando los recuerdos a lo largo de la vida y donde ahora reposan los suyos.
Cuando ya estaba completamente sumergido en mis pensamiento, me volvió a interrumpir otro nuevo movimiento.
En la radio esta vez ponían una estúpida canción de algún nuevo ídolo juvenil sin personalidad, que dentro de poco sería olvidado como ya ha pasado con otros tantos. Apagué la radio y me dirigí hacia el interruptor. La luz inundó toda la habitación, y como bien me imaginaba, me encontraba completamente solo ante nada.
Decidí que ya era hora de abandonar la botella por esta noche, y dirigirme a las frías y solitarias sábanas, que no calmarían mi alma desconsolada por su ausencia. Ya esas frías noches de invierno no eran lo mismo sin su calor. Una lágrima comenzó a deslizarse por mi rostro al recordar que en noches como esta ella estaba a mi lado, y ya no. No podía dormir  y la cama se me hacía estrecha y agobiante, así que me levanté y me dirigí al cuarto de baño donde aún quedaba algún rastro de su estancia en esta casa, como por ejemplo ese perfume que se ponía continuamente y tanto me gustaba, o su cepillo de dientes tan bien cuidado, junto al mío. Me miré al espejo y parecía que había envejecido siglos. Mi rostro estaba bien arrugado y mi cabeza escaseaba de pelos y los pocos que quedaban, más blancos que la nieve estaban. ¿Cuánto tiempo hacía que no me miraba al espejo?, ni siquiera sé cuantos años tengo ya...creo que no más de 80 ni menos de 60.
El espejo me daba una imagen de mí que me deprimía más de lo que ya podía estar, asi que volví a mi habitación.
En vez de acostarme de nuevo, me senté en mi escritorio y me dediqué a leer sucias palabras escritas en un triste y arrugado papel que yo mismo escribí antes de que olvidase como se hacía. El sueño poco a poco, como en una batalla ganada, me venció.
Me dirigí al salón de nuevo y me senté en el sillón tan conocido por mi cuerpo y ahí estaba mi amada, tras de mí. Sentí su abrazo seguido de sus besos.
-Te he echado de menos, ¿dónde estabas?- mi voz sonaba ronca y cansada, pero con un tono de ilusión.
-Aquí, amor, todo el tiempo cuidándote-dijo como si mi pregunta fuese tan extraña.
Sus manos se posaron sobre las mias y eran jovenes, como si no hubiese cambiado su apariencia desde los 15 años. Me giré y contemplé su rostro. ¡Oh Dios!, es preciosa. Sus grandes ojos marrones se clavaban en los mios, tenía una sonrisa de diente blancos y perfectos rodeados por unos carnosos labios, pero pequeños, disfrazados del rojo de la barra de labios que solía ponerse. Ese rojo hacía contraste con su piel suave y clara y su preciosa melena castaña oscura, casi siempre recogida en una coleta estilo a la de los años 50, la hacía parecer tan preciosa que no la cambiaría ni por la más hermosa aurora. La luna celosa se encuentra a su lado, pues bien sabe que no puede luchar con aquella hermosura. Hacía mucho que no la veía así de bella, hacía mucho que no la tenía entre mis brazos.
Quise besarla y decirle todo lo que la amaba pero su imagen poco a poco se alejaba. La luz que antes tenía se estaba apagando y la oscuridad se la tragaba, escondiéndola en su interior.
-Noooo!-grité e intenté levantarme del sillón de un salto, pero no podía. Estaba encadenado sin cadenas al sillón y ella, como relámpago en la oscura noche, desapareció.
Me desperté y aún seguía en el escritorio. Me había quedado dormido y todo no había sido más que una pesadilla. Me pasé la mano por la frente y me encontraba sudando, aunque no hacía calor.
Intenté levantarme y un dolor me recorrió toda la espalda. ¡Cómo se nota la edad en los huesos y en las heridas del alma!
Miré por la ventana y la luz del sol inundó la estancia. Debían de ser las doce de la mañana. Ahí fuera todo se veía tan perfecto. Los pájaros cantaban alegremente y volaban de un lado a otro, las ramas de los árboles bailaban al son del viento y las flores pintaban el paisaje con toques de colores, las nubes viajaban en una dirección y parecían controlarnos desde allí arriba y el cielo se mostraba de un celeste precioso.
Fuí al salón y allí me puse a ver todas nuestras fotos y entre sonrisas y lágrimas pasé el día, sin hacerle caso al tiempo. Horas y horas junto a su recuerdo pasé.
Cuando no hubo más imagenes que añorar, volví a mi preciado sillón, donde se encontraba Lisi encogida sobre sí. Me dió pena despertarla, así que fui afuera a por mas leña. Ya había una oscuridad absoluta en la calle. Toda esa sensación de alegría que te hacía sentir el día, se convertía en terror por la noche. Se oía a un cuervo graznar. Un sonido tan escalofriante que cogí dos o tres pequeños trocos con tal de entrar y sentirme protegido en mi casa.
Cuando llegué al salón, con esos troncos volví a despertar el fuego dormido y me di cuenta de que Lisi estaba en el suelo mirando fijamente a la oscuridad y con los pelos de su precioso y suave lomo blanco erizado. Volví a sentirme observado por algo que no lograba ver y no sabía que era.
El terror se apoderaba de mi ser, pero porque me veía indefenso ante la oscuridad, solitario en el planeta, sin rumbo ni camino hacía ningún lugar. No tenía razón para seguir viviendo, pues por lo que vivía ya no se encuentra a mi lado. Lo único que hacía era dejarme llevar por la rutina, por el recuerdo de su hermosa imagen, por la espera del reencuerto con mi amada.
Esta vez no encendí la luz, me enfrente cara a cara con la oscuridad. No sentí miedo cuando ví una silueta oscura que emanaba frío a pocos centímetros de mí. Ya no tenía miedo de nada desde que mi esposa murió en aquel espantoso accidente de tráfico.
-Todo llega a su fin -sea lo que fuese tenía una voz mecanizada y ronca, una voz que causaba temor y tranquilidad. Tan solo al escucharla sabía que estaba sucediendo.
-Estoy preparado. Lléveme con ella.
Los ojos vacíos de la muerte se clabaron en los mios.
Ahora podré pasar la eternidad junto a mi amada en un descanso infinito.




Espero que os guste y que no os aburra =P

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